La tejedora de bisso marino, la “fill’e anima” y las “accabadoras”

BY MARTHA ZEIN

Regreso al GoOn como quien retoma una conversación importante tras una buena noticia, con la cara risueña y con voluntad de recordar en qué punto concreto lo habíamos dejado. La que fui saluda a la que soy en los detalles: el pequeño armario con la ropa de agua, la crema contra las picaduras o para prevenir el sol, las sábanas dobladas con estrategia náutica, el diario de abordo…  y los libros que dejé a medio empezar (suelo leer varios a un tiempo, tal es mi carácter). Si los dejé así fue para hilar pensamientos, para recordarme que lancé al aire una serie de preguntas. Ya he comprobado que la mirada náutica se diluye en la terrestre en apenas unas semanas por eso he creado mi propio ritual: dejar relatos a medio leer con mensajes para la Martha del futuro (la de hoy), son preguntas por resolver, recorridos por los que seguir perdiéndome.

Después de varios días a bordo hoy he retomado una de aquellas lecturas inacabadas: “Historia de las utopías” de Lewis Mumford. Tiene gracia porque hace un par de meses me procuré “El pentágono del poder”, un ensayo del mismo autor, después de conversar con Ivan Murray durante uno de los rodajes para el proyecto WOW. Este invierno en tierra Eros me ha hecho cuestionar el poder en todas sus dimensiones y resulta que traigo al barco este nuevo ensayo; es evidente que mis pensamientos trazan espirales… y eso me gusta. Cuando vivo con el culo en el agua (expresión de Giacomo di Stefano) las espirales cobran un mayor significado, me vinculan con las olas, el agua y sus remolinos, los torbellinos del viento y las formas en las que se crearon nuestros cuerpos en el vientre materno. En Porto Torres, donde estamos amarrados, el símbolo que llevan las naves en su proa para alejar la mala mar (“símbolo apotropaico”) es precisamente una espiral.

espirales simbólicas

Empecé a leer lo subrayado, por supuesto y me encontré con regalos como éste: “Como afirma Anatole France (…) Los sueños generosos producen realidades benéficas. La utopía es el principio de todo progreso y el ensayo de un mundo mejor”. Me crispé de nuevo leyendo “hombres” cuando el traductor debería de haber escrito “seres humanos” (ada vez soy más intolerante a este tipo de genéricos porque me expulsa de sus propuestas y reflexiones) y continué leyendo por donde lo había dejado: “Nuestra nave está a punto de partir y no volveremos a echar el ancla hasta que hayamos alcanzado las costas de Utopía”. La verdad es que después de haber hecho una reflexión profunda sobre la naturaleza del deseo, después de entenderlo no como carencia sino como potencia productiva de la vida (así lo reflejo en la novela), mi forma de entender las utopías ha cambiado. No se trata del porvenir sino de actuar en consecuencia. La utopía como motor productivo y no como promesa. Estamos en plena campaña electoral, ese debería ser el espíritu. Recuerdo a Guillem Balboa en Alaró, lugar en el que me dan ganas de residir después de saber que él encabeza una lista para la alcaldía…

A mitad de la mañana dejé la puntada en el aire para visitar el Museo del Puerto junto con Toni, una antigua estación de tren reconvertida en un museo dedicado a la memoria de la vela latina y a un mundo ya desaparecido: aquel en el que los habitantes de la ciudad vivían vinculados con los ciclos del mar y de la tierra. Pescadores artesanales, la música de los calafateros, las redes y las velas de algodón, el conocimiento de los mestres d’aixa… fueron apareciendo en la conversación hasta llegar a un lugar inesperado: María Chiara Vigo, una particular costurera. Es la única mujer del Mediterráneo que teje con bisso, las “barbas” de las nacras, una especie de bivalvos amenazada que puede llegar a alcanzar hasta un metro de longitud y que es endémica de las costas mediterráneas. El resultado de hilar estas minúsculas y frágiles hebras da lugar a una especie de seda de mar, dorada e impactante por su ligereza.

seda de bisso en mano

Chiara es la última de 23 generaciones de mujeres que ejecutan esta técnica ancestral denominada “maestro di bisso marino”. El proceso comienza buceando en apnea en busca de estos ejemplares y continúa recortando estos hilos que salen del borde de las enormes conchas, devolviendo la nacra al mar, desalinizando las hebras, coloreándolas con destellos de conchas marinas y yerbas… hasta tener la cantidad suficiente de material como para bordar una tela o tejer un tapiz. Todo este proceso forma parte de un ritual heredado de las donne dell acqua, sacerdotisas del mar que durante siglos han cumplido su particular juramento hipocrático: no revelar los secretos de su labor, transmitirla oralmente de madres a hijas y no pedir dinero a cambio. Si se tiene en cuenta que Chiara necesita 3 primaveras (así lo mide ella) para hilar 12 metros de hilo y 5 años para elaborar un tejido de 40/50 centímetros, es evidente que Chiara Vigo elabora telas bellas y especialmente valiosas con las que podría enriquecerse, sin embargo no vende el resultado de este proceso sino que lo intercambia, por comida.

Maria chiara orando en el mar

Como aprendió de su abuela y como hicieron las mujeres de su familia desde hace casi seiscientos años, antes de lanzarse al mar en busca del preciado bisso (bien cada vez más escaso) Chiara canta esta oración mirando al horizonte: “Ponente, Levante, Mistral, Regal – el nombre de los vientos – tomad mi alma y lanzadla al fondo del abismo, que mi vida sea para ser, orar y tejer. Me entrego a toda la gente que va y viene, sin tiempo, sin color, sin confin, sin dinero. En nombre del león de mi alma y del espíritu eterno. Así se hará”. 

Mientras el mar va ofreciendo sus joyas cada vez más escasas, ella, Chiara custodia  una forma de entender la vida, escucha los ciclos de la naturaleza, estudia el comportamiento de las nacras, las acaricia con respeto y comparte este bien que considera común. Si digo que me he enamorado, no creo que extrañe a nadie. Últimamente me he enamorado de un almendro, una mimosa, un niño, un maestro, una forma de decir un poema y esta mañana completé la lista con la última heredera de las sacerdotisas del mar. Vive en una minúscula isla al sur de Cerdeña, Sant Antioco, como no podía ser de otra manera.

retrato de Maria Chiara Vigo

Pensé que la dosis de arrobo ya había desbordado mi vaso del día lo suficiente hasta que conocí la existencia de las acabadoras y de su maestra de ceremonias: Michela Murgia. “Fillus de anima. Así es como llaman a los niños engendrados dos veces, por la pobreza de una mujer y por la esterilidad de otra”… Así comienza Michela su novela “La acabadora”. Esta expresión hace referencia a una costumbre sarda que aún se mantiene en pie (de hecho su autora es “fill’e anima”, que es como se dice en sardo) según la cual un niño o niña puede cambiar de familia si considera que en la de origen no puede llevar a buen fin su destino y encuentra otra que está dispuesta a afrontar su futuro sin limitaciones. Se trata de un acto voluntario que no tiene por qué darse entre dos familias de diferente capacidad adquisitiva y que se lleva a cabo con el consentimiento de todas las partes. La comunidad local apoya y certifica esta transferencia de patria potestad que no implica cortar los lazos de sangre. Se trata de una forma de entender la solidaridad: las tareas familiares se extienden a toda una comunidad. Conocer su experiencia me reafirma y llena de alegría. La presentación de “Un lugar llamado éxtasis” me ha hecho repetir en público una afirmación ya veterana en mí: “soy comadre” en el sentido en el que las sardas, por lo visto, lo entienden. No hay hij@ de mujer a quien yo no acoja como propi@ por profunda solidaridad.  Este tipo de comadreo – en su acepción más profunda -puede resultar increíble incluso para ciertas mujeres en una sociedad individualista como la nuestra.

Por supuesto, indago sobre la autora y de su mano me sumerjo aún más en las entretelas de esta isla. “Cuando la hospitalización no existía en las zonas rurales vida, muerte y enfermedad se gestionaban dentro de las paredes domésticas. Yo misma nací en casa. Entonces, el final de la existencia era un hecho común, por supuesto no corriente o banal, pero mantenía una cercanía con la vida, se gestionaba con familiaridad.”, explicaba en su momento cuando presentaba su novela, “La diferencia es el concepto de comunidad. La autodeterminación es una idea nueva. Mi abuela me hubiera dicho: pero si tú no te has hecho sola, eres hija de la solidaridad de tu familia, de tu vecindario, de tu pueblo. En este marco la enfermedad se vive como la enfermedad de todos los que te rodean, los que cuidarán de ti. Lo mismo pasa con la muerte”.

Michela-Murgia-Accabadora

Resulta que en Cerdeña hay una figura en el imaginario colectivo denominada “la accabadora”, se refiere a una mujer a la que se llamaba cuando alguien agonizaba. Ella acudía a la cita, consolaba al moribundo, le recostaba la nuca en un yugo y con un quiebro en las cervicales acababa con su frágil vida, por supuesto a petición del enfermo y con el consentimiento de sus familiares. Nadie ha retratado nunca a una accabadora pero en su nombre, aún hoy, en la misa de Jueves Santo, hay hombres que tallan un pedacito de madera en forma de yugo que luego depositan bajo la almohada de familiares agonizantes para propiciarles un buen final.

En estas espirales extáticas en las que termino la jornada, rizando el gozoso rizo, me entero que Michela Murgia se presentó hace un año a las elecciones por el partido independentista y ganó un 10% de los escaños a pesar del sistema electoral italiano. “Hemos entendido que queremos ser sardos normales y dejar de ser italianos especiales”, leo mientras me dejo llevar por los secretos inesperados de este lugar, el punto de partida de nuestro viaje.

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9 comentarios en “La tejedora de bisso marino, la “fill’e anima” y las “accabadoras”

  1. Jooo que bonito escrito y que interesante! ! Al principio copié alguna frase para comentarla pero después tendría que copiar todo! Que interesante lo que cuentas, las espirales, la utopia (Nuestra nave está a punto de partir y no volveremos a echar el ancla hasta que hayamos alcanzado las costas de Utopía”, que hermosisima frase), imaginate tejer por 5 años un telar con el biso de una nacra! ! Que pasada todo! Os deseo muy buen comienzo de camino y utopía jeje, yo ya estoy con el barco de Oceana, en breves os pasaré el enlace a mi blog. Un abrazo gigante a los tres, también al barco 🙂

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  2. Afortunadas las nacras que se dejan “bissar” por las manos de les “donnes del acqua”. I las comadres y los niños que encuentran su espacio recreado gracias a los tejidos de la comunidad. Qué gusto leerte. Goon.

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  3. He disfrutado mucho leyendo esto, que he encontrado de una manera tan oportuna, estoy encerrada en casa terminando mi tesis doctoral sobre las ciudades radicales y las utopia, el libro de Mumford es una de mis obras de referencia, y mas oportuno aun tu reacción a la palabra “hombres”, una de mis grandes frustraciones a lo largo de la tesis, he leído tantas utopias escritas por hombres para hombres…la historia esta llena de propuestas de un “lugar mejor” para el hombre. Así que una de las deudas que he contraído mientras hacia este trabajo, será el siguiente que tengo planteado, dedicarme al estudio de la mujer y la utopia
    Espero poder compartir contigo hallazgos interesantes

    feliz verano

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    1. Hola Carmen! Gracias por la lectura y el comentario, ¡me alimemtan! No imaginas hasta qué punto estamos en sintonía, ando dándole vueltas a los lazos entre utopias y eros. Espero que sigamos en contacto y compartamos. Imagino que conoces a una clásica Christine de Pisan y su “Ciudad de las damas”. Ahora su propuesta es ingenua pero imagina que la ideó a finales del siglo XIV, mucho antes de las revolucionarias francesas. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Christine_de_ Pisan.

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  4. Hola muy buenas, ¿la imagen de la mano con las fibras de biso es tuya? Me gustaría utilizarla para ilustrar un artículo divulgativo que estoy redactando. Habla sobre la nacra y sus usos.

    Muchas gracias.

    Jose.

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