Bordeamos el Jónico, Mediterráneo esdrújulo

BY MARTHA ZEIN

Esta primavera, tres meses antes de morir, Javier Krahe decía en una entrevista a El Asombrario que las esdrújulas son cómicas; en su fino sentido del humor, por supuesto, usó un adjetivo esdrújulo a la hora de clasificarlas. Sonrío: navego por un mar esdrújulo. El orden de las vocales facilita el juego. Un mar cómico, Jónico lógico, Jónico cónico, púnico. Lúbrico.

Decía Krahe (uno de los pocos compositores capaces de crear canciones esdrújulas) que este tipo de acentos sólo existen en el castellano y en el italiano. Resulta lógico, pues, que escribir este cuaderno de bitácora se esté convirtiendo en un acto político y no sólo lúdico o lírico, al fin y al cabo llevo la boca llena de castellano y mi oído hasta arriba de italiano… Aunque a estas alturas del viaje me pregunto ¿Italiano, qué italiano? Hemos estado el tiempo necesario en Tropea como para distinguir no sólo acentos sino idiomas vivos o al menos aún no extintos que no derivan del italiano oficial sino que, como él, proceden de diferentes ramas del romance. Si existen en Italia son también idiomas italianos, ¿no?. Ya, ya sé, Krahe se refería al que todos conocemos, al italiano toscano, ese que se impuso como lengua común tras la unificación italiana hace apenas 150 años.

Es impresionante el impacto que puede tener una orden tomada por la élite que se pone al frente de las instituciones del estado. Modifica la realidad de todo un país, afectando a la vida de millones de personas. Fue Alessandro Manzoni quien convirtió en idioma nacional la lengua en la que Dante Alighieri había escrito la Divina Comedia, el mismo que usaron Petrarca y Bocaccio en sus obras. Cómo no caer en la tentación de convertirla en el idioma de referencia para la nueva nación. No sé si fue consciente que la belleza así entendida se cagó en la soberanía de los pueblos. Manzoni y quienes le apoyaron consideraban que habían encontrado la solución ideal al imponer el modelo “clásico” sobre las diferentes lenguas que millones de personas (incluidos ellos mismos) usaban para nombrar la realidad, amar, crear vínculos con su entorno, guardar la memoria, contar sus sueños… Con tal decisión Italia perdía la oportunidad de crear su propio esperanto, una lengua oficial aglutinadora capaz de expresar la riqueza cultural del nuevo país y no la de sus élites.

En nuestra última noche en Tropea, Sabrina, una deliciosa cantante calabresa con la que Jaume hizo buenas migas delante del micrófono y también fuera de él, nos contó que su verdadera pasión era la canción tradicional. Joven, fresca, divertida, Sabrina formaba parte de un grupo que interpretaba canciones en sardo, calabrés, occitano, gallurés, sassarés… Evidentemente no sólo se refería a las letras de las canciones y lo que en ellas se expresa sino a las entonaciones, ritmos, acordes…

Aunque hay ciertas similitudes en el léxico y gramática del italiano toscano con el resto de las lenguas, las diferencias pueden convertirse en abismales a medida que se avanza hacia el sur del estado. De hecho Sabrina aseguraba que no entendía algunos de los idiomas en los que canta. No se trata sólo de acentos o vocabulario sino de gramática, es decir, de una forma de pensar y de expresar la vida. Aunque parece evidente, no supo argumentar por qué interpretaba esas canciones, simplemente parecía que necesitaba hacerlo, que el cuerpo se lo pedía.

En algún rincón de su imaginario debía estar la memoria de lo sucedido: el proceso de estandarización de la lengua forzó a las personas del sur a adoptar un nuevo sistema de palabras y esto creó nuevas desigualdades amén de acentuar las de siempre: quien no se expresara en el nuevo idioma quedaría doblemente marginado, mal visto, mal ubicado. De alguna manera se impuso “el “terror semántico”, entendido como alejamiento afectivo de las ideas y las cosas a las que la lengua debería adherir de la manera más concisa posible. Los que tenían menos recursos o capacidades poseían, las personas adultas y de la tercera edad, tuvieron que buscar sus propias soluciones. Los ragazzi di vita se convirtieron en meros iletrados, sus realidades dejaban de ser pronunciadas por mucho que siguieran existiendo…

Si hace cincuenta años era un estigma social no hablar el italiano, hoy hablar otras lenguas locales es un asunto casi exótico. A partir de los años 50, con los mass media la exclusión lingüística cambió de naturaleza. Fue precisamente el impacto de la radio y la televisión y no tanto la educación reglada lo que permitió que tras la Segunda Guerra Mundial el italiano toscano se generalizara. Es cierto que la estandarización facilitó la producción de textos impresos, promovió la traducción de textos importantes a otros idiomas, permitió la creación de un lenguaje burocrático común gracias al cual toda la ciudadanía podía dirigirse a los estamentos e instituciones de una misma manera (es decir, de abajo a arriba), pero, sobre todo, fabricó consenso. Un idioma y un lenguaje adquiridos modifica los esquemas de pensamiento con el paso del tiempo y es una herramienta eficaz para enterrar conflictos, disensiones y voces críticas simplemente porque dejan de ser pronunciados. Esto explica porqué hoy una joven canta en idiomas italianos minoritarios sin grandes argumentos, simplemente porque le hace sentir bien.

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Dedicamos nuestra última tarde en Tropea a esperar la aparición de un luthier en el mercadillo que se abre cada sábado en la localidad. El artesano no llegó con sus instrumentos de cuerda locales pero la espera tuvo otros frutos. Toni quedó encandilado con un artesano del mimbre, Nicola, capaz de mantener vivo un saber que está a punto de desaparecer. Retrató cada uno de los pasos del proceso con el que el anciano creaba una cesta y lo hizo llegar a otros artesanos que hacen lo propio en Mallorca a través de las redes sociales. En el tenderete de al lado Rosanna me enseñaba a coser joyas en seda. Con unos y otras chapurreábamos idiomas, palabras diversas recogidas del castellano, del catalán, el italiano y cualquier otro que pudiera pasar por nuestra cabeza para comunicarnos. Por un momento encarnábamos el espíritu de quienes manejaron durante siglos la “lengua franca”, el idioma propio de los puertos del Mediterráneo.

Jónico iónico. Hace cuatro días que nos asomamos a este mar esdrújulo en nuestro recorrido por la costa calabresa, ahora estamos a punto de abandonarla. Allá al fondo, donde la calima oculta las formas del golfo de Tarento, la región de Calabria está pasando a ser Basilicata. No la pisaremos, nuestro norte es Gallipoli, localidad de Apulia, probablemente nuestro trampolín a Grecia. Aún así me hago consciente del lugar que dejo por babor. Es en esta zona, entre el sur de Calabria y el sur de Apulia, donde se levantaba la histórica región de la Magna Grecia, de ahí que algunas personas hablen un dialecto del Griego moderno llamado grico. El principal enclave se encuentra en Lecce (cerca del Adriático) y el segundo en Talsano (al sur de Tarento, próxima al Jónico).

Grecia despunta en cada punto de la costa italiana en el que fondeamos. Si llevamos días sin amarrar en puertos es para huir del trajín turístico, aunque es imposible zafarse de la contaminación lumínica y la sonora que rodea al turismo de sol y playa. Allá donde nos encontremos, por mucho que la ciudad quede lejos, llegan los ecos de l@s animador@s hoteleros. En temporada la banda sonora de la costa multiplica los mismos temas de forma machacona hasta la crispación. Abundan las canciones italianas de los años sesenta (para tararear) y la música latina a la hora de lanzarse a la pista de baile. Lo que hacemos es saltar a tierra por la mañana, a primerísima hora, cuando el sol aún no tiene fuerza y los turistas duermen.

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Así sucedió en Scila, situada en la comisura del estrecho de Messina, donde pasamos nuestra última noche en las aguas del Tirreno. Ese monstruo marino del que habla Homero en la Odisea da fe de su devoradora existencia a través de las huellas que deja a su paso: bolsas de basura despanzurradas, papeleras desbordadas, envoltorios de comida rápida en cualquier esquina, plásticos a los pies de los árboles, en el borde del paseo marítimo, tras las casetas de helados… Dos afanosos barrenderos intentan recoger las miserias antes de que la fiera despierte y vuelva a aullar. Sus zarpas son de largo alcance, hemos encontrado constancia de su presencia en cada uno de los lugares a los que nos hemos asomado: La Rocceta Ionica, La Castella, Crotone…

En la orilla opuesta de este mar lírico está Grecia, el no-país. Hasta Mallorca, Madrid, Galicia, llega el Jónico, el mar con el que Grecia roza Europa. Allá vamos, al espejo en el que nos hemos mirado quienes cuestionamos el sistema financiero a pequeña y gran escala, con ganas de abrazar nuestro otro lado. Vamos desnudos, literalmente, porque el mar parece hervir. Toni ha estado utilizando el termómetro digital de infrarrojos con el que vigila la temperatura del motor del barco para cotejar en qué temperaturas nos estamos moviendo: entre los 28 grados del agua y los 38 de los camarotes cuando corre el viento. Ya hemos dejado de zambullirnos con desesperación para hacerlo casi por deslizamiento, nos deshacemos en el Jónico como una gota más. Llevamos tres días así, bordeando Calabria con largas jornadas de navegación sin apenas viento, fabricando sombras y corrientes de aire en el rincón reservado al timón.

Hacemos turnos en el asiento, con el cuerpo hasta arriba de crema, agotando botellas de agua mientras que el otro se pone a resguardo en el rincón más aireado y trémulo de los camarotes. Hablo sola. Mantengo conversaciones con quienes no están sobre asuntos viejos y nuevos. Dirimo. Ensueño lo que hemos visto y cambio sus formas. Elucubro sobre espacios que vimos en anteriores travesías y en los que hemos vuelto a recalar. Nuestra forma de navegar tiene un sentido profundo: recorrer la cuenca del Mediterráneo prestando especial atención a las islas, esto significa que cada vez que echamos el ancla en algún lugar demos por supuesto que será la primera y última vez que estemos allí. Cada encuentro, cada puerto, cada conversación, es gratuita, todo es único y tiene sentido por sí mismo.

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En estos últimos días hemos vuelto a coincidir con esos amores fugaces que vivimos a bordo del Brancaleón en 2012: Vulcano, Lípari, Stromboli, el estrecho de Messina y el último: Le Castella. A este último rincón perdido en el mapa volvimos en claro homenaje al castillo en el que se rodó la película “La armata Brancaleone”, la razón por la que aquel velero lleva su nombre. Tomar un granizado frente a su perfil iluminado era extraño, como volver a coincidir con un amante fugaz con el que compartiste una tórrida y única velada.

En aquel viaje el Brancaleón siguió su rumbo hacia Croacia, hoy el GoOn tiene otro destino: alcanzar el otro lado del Jónico para alcanzar Grecia. Pronuncio “Jónico” como si fuera a tararear el estribillo de esa canción que Victor Manuel compuso en el 75 para una huelga de actores… Digo “Jónico” y añado  a continuación “duerme vestido, vive desnudo, bebe la vida a tragos…” y así, como un juego, el cómico jónico adquiere rostro, el de los habitantes más humildes de su orilla oriental.

En mis monólogos pregunto al mar en el que me deshago por qué nos enlazamos con el pueblo griego de esa manera, tan abierta, tan vehemente ¿Por qué el Referéndum atrajo nuestros debates, por qué vitoreamos la victoria del No, por qué nos duele hoy Tsipras? Hablo en plural pensando en la cantidad de personas con las que he debatido de forma virtual o real este asunto. Ninguno éramos grieg@s. Le pido al Jónico que pronuncie ese qué que es capaz de resonar en ambos márgenes y aglutinar a millones de personas de diferentes países, naciones, clases, géneros, ideologías, etc.

Pardelas y gaviotas de mar en el Jónico italiano

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La pregunta no es inocente, me reconozco conmovida por las memorias de Stefan Zweig, “El mundo de ayer”, un libro que me recomendó hace unas semanas un buen amigo, Jaime Alejandre, y con el que tropecé de casualidad en un paso breve por una librería hace un par de semanas. En el capítulo que estoy leyendo el autor recuerda la feliz ignorancia con la que hombres y mujeres abrazaron la primera guerra mundial y cómo dos años después de aquél inesperado asesinato en Sarajevo millones de personas volvían a sentir una fiebre unificadora: matar la guerra. Aquellos que quisieron convertirse en héroes de la patria ahora gritaban “!Ya hemos sacrificado bastante!”.

Hace cuatro años la élite europea, nuestros gobernantes, pronunciaron una palabra “crisis”, toda una declaración de guerra. Hoy el punto de encuentro de millones de ciudadan@s es otra, se llama “deuda”.

¿Cómo es que yo, educada en no deber nada a nadie y no gastar más de lo que tengo, yo, que siempre evité préstamos, que hace años que eliminé las tarjetas de crédito de mi bolso, resulta que soy una ciudadana endeudada? Digo “yo” para no tirar balones fuera, sabiendo que soy una de las miles y miles de ciudadanas de este país que intenta llevar su vida y su contabilidad de la manera más limpia y honesta posible, una vida sin excesos ni siquiera por opción. ¿Cómo puedo responder por algo que desconozco? Por supuesto que existen respuestas a esta retahíla de preguntas. Además, tengo la fortuna de tener amigos capaces de desmenuzar el asunto y compartir sus conclusiones en medios alternativos.

En “Rise up España : Por la ruptura constituyente y el impago de la deuda” el sociólogo Diego Taboada explica cómo el 81 % total de esta deuda que nos mata en vida, nos ahoga, nos quita el pan y el techo, nos hace esclavos, fue generada fundamentalmente por la banca, por empresas no financieras con más de 250 trabajadores en nómina y por las grandes fortunas privadas de este país. Pero sobre todo, recuerda que esta deuda pasó a ser de todos los españoles con una reforma exprés del artículo 135.3 de la constitución española. Es importante recordar hoy que fue José Luis Rodríguez Zapatero del Partido Socialista (PSOE), quien convocó a su adversario Rajoy en agosto de 2011 para pactar una reforma constitucional hecha entre gallos y media noche para satisfacer a las autoridades de la Unión Europea (UE) y al Banco Central Europeo (BCE).

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“Así, de este modo, y en un tiempo récord, con el silencio cómplice de todos los medios de in-comunicación y des-información del Reino de España, y con buena parte de la pasividad de su sociedad civil, se consumó en un santiamén la estafa de los patricios españoles a sus plebeyísimos representantes”. Su reivindicación, cómo no, es negarnos a pagar (“…no debemos, ni monetaria ni moralmente, a nadie, no debiéramos pagar a nadie. Y quien obligue a lo contrario es, a mi modo de ver, un sinvergüenza”), la misma que dos años antes, en febrero de 2013, realizaba otro gran amigo, el analista de economía internacional, Carlos Schwartz.

En “No pagar la deuda para salir de la crisis” Schwartz asegura que “El grave problema es que la única forma de que haya una recuperación económica es mediante un prolongado periodo de destrucción de fuerzas productivas de forma pacífica o violenta. Y cualquiera de estos escenarios requiere de la derrota de los y las trabajadoras para poder imponerlos como salida a la crisis. Esta estrategia no es ajena a la entrega al capital privado de las áreas asistenciales y formativas tradicionales del estado, como la salud y la educación, en su afán de garantizar a los capitalistas nuevas vetas de negocio (…) La UE es un motor impulsor de este proceso. Su papel es el de estado mayor de los capitales más concentrados de Europa encabezados por los de Alemania”. Como abanderaba Taboada, la propuesta de Schwartz era y es la moratoria inmediata y unilateral de la deuda pública interna y externa “para dar una salida real a la lucha por una sociedad justa este objetivo se debe acompañar de la expropiación de la banca y la nacionalización del crédito en el camino de un gobierno de los y las trabajadoras.”

En su artículo este analista hace mención a un pensamiento formulado por Lenin en 1915, es decir, en plena Guerra Mundial: “Desde el punto de vista de las condiciones económicas del imperialismo, es decir de la exportación de capitales y del reparto del mundo por las potencias coloniales avanzadas y civilizadas, los Estados Unidos de Europa son imposibles o reaccionarios en el capitalismo”. Si la unión de los estados de Europa consistía en la unión reaccionaria de intereses de la burguesía, estaba condenada al fracaso o a la explotación.

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Escribir en términos de derrota, victoria, destrucción de puestos de trabajo, de derechos y libertades llena de un valor desconocido estas crónicas náuticas, es decir, este viaje a bordo del GoOn. No somos turistas, no somos aventurer@s ni prejubilados en busca de un destino diferente para su ineludible vejez. A medida que avanzo comprendo que lo único que puedo hacer es unirme a esas voces que se levantan diciendo: “!Es preciso luchar contra la guerra!”, contra esta guerra en la que no sólo mueren los más débiles sino que se suicidan, se enferman, se revientan y mancillan en la vida cotidiana.

Cada una de las líneas de la pg 321 de este libro me resuenan y dan en el casco del GoOn como las olas del Jónico se asoman por la amura. Donde Zweig escribe, refiriéndose a la Primera Guerra Mundial, “el falso heroísmo que prefiere enviar al sufrimiento y a la muerte primero a los demás” yo imagino a l@s hombres y mujeres de negocios, con empresas de todo tipo de tamaño. que aceptan esclavizar a otro ser humano en nombre de la crisis. Cuando denuncia “el optimismo barato de profetas sin conciencia (…) que prolongan la carnicería”, no dejo de pensar en l@s polític@s nacionales, transnacionales y locales que maquillan las cifras con tal de no perder poder y dinero al tiempo que pongo cara a l@s opinador@s profesionales, intelectuales, analistas, comentaristas que les apoyan y a los que el autor se refiere en sus memorias como el “coro” que la clase política ha “alquilado”. Unos y otros, en 1915 y en 2015, son los “charlatanes de la guerra”.

Sí, vamos a Grecia. Es verdad que es verano, es verdad que coincide con la temporada de vacaciones, pero vamos a Grecia y no a otro rincón del planeta. Vamos con la voluntad de tocar, dar, ver, conversar, recibir, debatir, patear estos meses reales junto a los que quienes creyeron que votaban a un partido que defendería a las clases más desfavorecidas frente a la voracidad del capitalismo. Son muchas las voces que han señalado que el objetivo de los capitales más concentrados de Europa es transformar a las naciones de la periferia en protectorados carentes de soberanía.  Después de tanta parafernalia populista Syriza ha firmado un memorándum con la Troika mucho más duro que aquel que rechazó el 61% de la ciudadanía griega en Referéndum. Nos encontramos ante un experimento extremo de ingeniería social y de redistribución de la riqueza a favor de los poderosos y sabemos que no sólo somos espectadores sino parte afectada.

Cuando la población griega usó las pocas herramientas pacíficas y legales que posee la ciudadanía (el peso de los votos en las urnas) para elegir un equipo de gobierno dispuesto a plantarle cara al Eurogrupo y todos los ad lateres, los de este lado de la orilla del Jónico hicimos la ola. Ahora toca ir y mover aún más las aguas. Así que aquí estamos, a bordo del GoOn, llevando el cuerpo a donde nos indican las flechas de la dignidad y la soberanía, buscando una salida concreta, posible, ante una realidad que hace tiempo que considero una Guerra.

Aquí estamos, sudando, desnudos bajo el sol; yendo.

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