“A la Merkel no le va a gustar”

BY MARTHA ZEIN

No teníamos previsto permanecer en Itaca y sin embargo el GoOn no ha hecho otra cosa más que trazar espirales en torno a la isla. En la misma semana en la que el Eurogrupo arrancaba de cuajo la hegemonía económica y política de la ciudadanía de Grecia a cambio de un forzado nuevo préstamo, nuestro velero hilvanaba Itaca por su costa. He intentado reconstruir nuestra ruta en el mapa para entender la voluntad del azar pero lo único que he conseguido es perderme.

– “Tonito, hay alguna pregunta que no nos estamos haciendo” – le dije – “venga, piensa, ¿qué es lo que no vemos? Itaca no nos dejará partir hasta que no lo resolvamos”.

Hemos compartido este desvarío con Toni II, alias Tonito, él forma parte de este enredo, ha sucedido a su lado, él, pues, es parte de este enigma náutico y, por tanto, de la solución. Nada más poner su pie a bordo, todo pareció desbrujularse: En Fiscardo el barco vecino se venció sobre nosotros, otro enredó su ancla en nuestra cadena cuando fondeábamos en Frikes, maniobramos in extremis al salir de Eufimia, sostuvimos una lluvia torrencial frente al puerto de Vathi,… Cada vez que él tomaba la determinación de relajarse se producía una pequeña situación de alarma.

– “Para, Tonito, abandona ese estado”.

– “¿Cuál? Si yo no hago nada, sólo estaba a punto de quedarme dormido”, protestó.

Insistí, sabiendo que el asunto no tenía que ver con la lógica:

– “Vale, pues no hace falta que te ganes el sueño, simplemente duerme y ya está”.

A partir de ese momento dejaron de producirse los imponderables. Da igual si es fruto de la casualidad o no, me limito a constatar el impacto que tienen los relatos en la vida cotidiana.

itaca cartel

Tonito entra al trapo de todos los juegos, sin prejuicios ni pegas, es juguetón y además le gusta probar lo desconocido. Sabiéndolo y convencida como estoy que los ovillos pertenecen a la familia de las brújulas le pedí que sacara de su equipaje el hilo de Ariadna (el último libro que estaba leyendo, el último encuentro en tierra, su última conversación compartida…) para orientar el sentido de nuestra ruta. Y así fue como empezó a tirar de un montón de hebras: sociocracia, pacifismo, economía social, bioconstrucción, autogestión, cultural creative, ciudades en transición, ecoaldeas, pro-común… Aún así, una y otra vez despertábamos en Itaca.

– “A ver, Tonito, creo que es un problema de ego, hay demasiados seres deslumbrados ante sus propios razonamientos”.

Tonito fruncía el ceño e intentaba salvar nombres. Decía “Mahatma Gandhi”, le devolvía “por lo visto maltrataba a su mujer” y a partir de ahí se abría una nueva isla de debate. Nuestras disquisiciones no se hacían ante un mapa sino ante una olla; mientras picaba, pelaba, sazonaba, hervía, freía, batía… El juego consistía en que él hacía propuestas y yo las objetaba, a veces con enorme esfuerzo:

– “¿Conoces a Aida Shibli? Es una joven palestina que está levantando una ciudad de encuentro entre las partes enfrentadas, un punto de reconciliación llamado Peace Research Village Middle East que busca crear un modelo de convivencia basado en la confianza, la verdad y el amor no sólo a otros seres humanos sino a este planeta. Esta joven ha conseguido que unas ochenta personas (israelíes, palestinos y personas de diferentes procedencias internacionales) pongan sus vidas al servicio del bien común y la paz. Pero el que más me impacta es su padre, que la apoya en todo ¿No te parece un buen ejemplo?”.

Mientras hablaba yo iba trazando argumentos en el aire. “No se trata de buscar o conceder el perdón, tampoco de solidaridad con las víctimas de un conflicto, se trata de ponerse a disposición de un fin común”, decía cuando me llegaba el turno. Normalmente la jugada terminaba con pequeñas afirmaciones comunes con las que imaginábamos que Itaca dejaba de ser una isla utópica para convertirse en un punto de partida. Sin embargo, Itaca volvía a ofrecerse en el horizonte, como si nunca la hubiéramos pisado.

A veces sueño con frases, no lo planifico, surge así. La Martha que sueña las encuentra escritas o las escucha e intenta memorizarlas para cuando despierte porque en el mundo del sueño tienen un poder revelador. En nuestro cuarto amanecer ante Itaca desperté con esta frase en la boca: “Amanece dulcemente, como el cielo, me abro” Y consideré que quizá Itaca se estuviera abriendo de piernas.

– “Buenos días Tonito, oye, ¿L@s que construyen laberintos, se extravían en las líneas rectas?”

berenjena

(foto y berenjena de mi amiga Glòria Julià Estelrich)

La poética de las tetas

Bauticé a Tonito con un apodo cada día de la semana (Toni II, Hernández, Pixie, Zipi, Tararí…) porque desde el primer instante en el GoOn lograba que el capitán regresara a la adolescencia. Durante la primera noche hicieron frente común ante los fogones y terminaron la velada hablando de la salud del planeta hasta caer rendidos bajo las estrellas. Aún quedaban días para ver las lágrimas de San Lorenzo, si perdían la mirada en el firmamento no era para pedir deseos… Mecida por sus voces, sus cuitas, risas y palabras a medias, empecé a buscar nombres de gemelos. Con cada apodo el capitán también se transformaba de manera automática: Toni I, Toniet, Fernández, Dixie, Zape, Tararí…

El primero que les cayó fue Hernández y Fernández. Amigos desde hace años, los detectives del GoOn saben repartirse tareas y roles, son tal para cual, mano derecha y mano izquierda… y además indagan: por la forma de una rama logran describir la evolución de un olivo , su uso y, por tanto, la historia del paisaje; un grupo de cabras permite deducir donde mana la fuente de agua dulce en esa costa; una semilla local remite a un comercio secular…

– “En un barco hay un sólo capitán, los demás somos marineros, Martha, es mucho más práctico y seguro”, me recordó Hernández, señalando a Fernández con la barbilla mientras terminábamos la operación de cabo a tierra.

¡Uy! “!Dos Tonis en el mismo barco!” – pensé – “me va a dar algo”. Había pasado por alto un pequeño matíz: Es bastante fácil que los hombres tengan incorporado el acto de distinguir quién es el macho alfa en una partida, una vez aclarado este punto se disponen a encontrar su sitio.  Yo también tendría que buscar mi lugar en el juego. Para empezar, respondí:

– “Pues yo no obedezco si no entiendo y además, será el capitán, pero también es mi compañero”.

Uhmmmm. Durante una semana tendré ración doble del “deja, ya lo hago yo”, del recurso de la musculatura y la lógica frente a los atajos de la intuición y el ingenio. Sería un rollo tener que recordarles que yo también ya-lo-hago-yo, que el ancla pesa menos si lo manejo a mi modo… Tomé una determinación: recordarles que la galantería puede ser fábrica de imbéciles y que Ulises estupidiza, respirar tres veces antes de soltar alguna fresca y disfrutar de lo innegable: me había colado en el baño de los chicos.

Empecé por centrarme en la poética de las tetas. Los pechos constituyen un mundo lleno de matices para los chicos, más allá de si son grandes o pequeños, si un pezón mira para el este y otro para el oeste o si se aprietan para hacer canalillo, Tararí y Tarará me recordaban que la marca blanca que deja la braguita puede producir vahídos, que el borde inferior del seno rebasando el bikini es una dulce cucharada, que captar la zona más casta por un descuido es mucho más excitante que ver una teta de frente, que la abundancia de carnes es borrachera infantil…

Sus bromas y risas eran contagiosas y yo me vine arriba. Les he pedido que posen de lado, de frente, de perfil… Creo que haré mi propio calendario de antibomberos para las navegantes del GoOn, sí. Por lo demás, es cierto que para ellos el hilo es hilo, el ovillo, ovillo, el gps la mejor alternativa a la brújula y el cuerpo una suma de músculos y huesos, mientras que yo defiendo que el cuerpo es una construcción, más que punto de partida es un resultado…  sin embargo no me resultó difícil encontrar mi sitio en el juego: me propuse disfrutar de “El grito de Antígona” (Judith Butler) en el camarote y centrarme en otros asuntos, porque lo importante no era que conviviera con dos Tonis ni que me hubiera colado en el cuarto de baño de los chicos sino que Itaca no se movía de la proa del barco. Eso sí que era un enigma, sobre todo en esa semana en la que el grupo de trabajo del Eurogrupo, la Troika, Eurostat (agencia estadostica europea) y los intereses locales que están detrás de la corrupción en Grecia se convertían en los verdaderos jefes de aquel país.

nacido para plantar

En nuestros requiebros por Itaca volvimos a encontrarnos con Joan Rigo. Nos unimos a la larga mesa que habían preparado en el restaurante Polyphemus, abierto desde hace 24 años en Stavros. Lázaro, el dueño de este local, y su esposa Hanna trabajan en la cocina 18 horas al día; este será el último año que abran las puertas de su jardín. Cada noche, pues, tiene algo de ceremonia de despedida a los pies de aquel gigante al que Ulises y su tripulación logró vencer con inteligencia. “¿Cómo te llamas?”, preguntó Polifemo. “Nadie”, respondió Ulises. Y un grupo de nadie disfrazados de corderos cegaron al tirano… Pero de los manjares que servía el cocinero de Polifemo aún no sabíamos cuando llegamos a la plaza del pueblo. Bajo un humilde tejadillo iluminado el municipio ofrece la maqueta de la que podría haber sido la casa de Ulises y Penélope. Penélope, la de la rueca, la balanguera, la araña, la que con cada puntada elabora el velo, la mortaja… Si Homero levantara la cabeza se sorprendería al comprobar hasta qué punto esta comienza a ser la era de las Penélopes y sus redes. Hace cinco años encontraron a pocos kilómetros de la localidad las ruinas de un palacio contemporáneo al relato que Homero realizó de la Odisea. Quizás el poeta se inspiró en aquel lugar y en la figura del dueño de aquella hacienda.

Uno de los carteles que rodeaban la pequeña exposición recordaba que Itaca es un limbo, una suma de tiempos y posibilidades. La mayoría de los filósofos que han imaginado una utopía la han situado en una isla, cuentan que en Grecia hay 6.000 islas, Itaca es sólo una de ellas. Navegábamos en torno a utopía, pisábamos su suelo una y otra vez al margen de nuestra voluntad, el azar nos retenía en ella en una de las semanas más duras de la reciente historia de Grecia.

itaca Antón Córdoba

(Itaca según Antón Córdoba)

Una hormiga mesozoica a bordo

Mientras caminaba hacia el jardín del gigante devorador recordé algo que he aprendido navegando por el Mediterráneo: cada persona es un clima, un paisaje y un proceso. Cada navegante que se sube a nuestra ruta teje a ciegas su propia historia con los ingredientes que encuentra en el camino, desde la geografía a sus habitantes, y las une a su forma de pasar por el mundo, su estado de ánimo, su experiencia de vida… creando una tela de cuyo uso no sabe. Sólo cuando se van y el viaje continúa a sus espaldas, su estancia cobra sentido ante mis ojos: veo el juego que bprdaron en la tela, puedo distinguir el grosor del paño, su peso y tersura. Contemplo su viaje consciente de que es una pequeña vida dentro de una vida más larga. Un viaje muestra quién “es” el tripulante e incluso permite adivinar quién puede “llegar a ser”.

Estamos, de nuevo, en Stavros. Itaca vuelve una y otra vez a abrirse de piernas y es Tonito quien está a bordo, no otro, ¿Te has dado cuenta, Penélope?. Itaca sólo se convertirá en un punto de partida si nos hacemos preguntas circulares, en un bucle no hay vanguardias ni retaguardias, las respuestas no están al final de una pregunta ni la paz se alcanza en el frente. Es la ruta, la ruta, la cadena de interrogantes y puntos suspensivos.

Penélope, dime si lees esas líneas, cuando escribo el viaje de Tonito, ¿la estoy destejiendo? Si fuera así, siendo su compañera en esta ruta ¿estoy tejiendo y destejiendo una y otra vez mi propia vida en cada relato? ¿Significa esto que muero y renazco en cada crónica? ¿Es por eso que Itaca no deja de aparecer en el horizonte? Y ahora que al leerme recuerdas algo que viviste en otro momento, lejos de aquí, ¿No es cierto que aquello abandona el pasado y vuelve de algún modo a convertirse en destino? En medio del GoOn he girado sobre mis propios pies y la línea azul estaba siempre frente a mis ojos. Quienes navegamos y logramos perder de vista la tierra sabemos que el horizonte no es lineal sino circular.

Retiré este monólogo en un rincón de mi cerebro durante la cena. Reí. Observé. Absorbí. En aquella larga mesa desplegada en el jardín del gigante de un solo ojo descubrí que en griego el antónimo de léthe (olvido) no es memoria (neme) sino alétheia (verdad), qué bello matiz. Ya vacíos los platos, me apresuré escribir mi descubrimiento en el bloc de notas de mi móvil (no sé griego, quería poner las consonantes y acentos de cada palabra en su sitio); en ello estaba cuando entró un mensaje. Era Joan (querido amigo y viajero virtual del GoOn), quien me enviaba un correo comentando mi última crónica. Lo abrí. Su texto terminaba así: “Pedro Duque, o Luque, l’astronauta, va embarcar en un dels sus viatges unes formigues fossils de l’era secundaria encloses en àmbar, am les quals va orbitar la terra. ¿Quina probabilitat tenia una formiga mesozoica de donar la volta al món? Qualsevol cientific hagués dit que cero. S’hagués equivocat!”.

Una hormiga mesozoica ha quedado cosida en esta tela, junto a la proa de un barco, a mi lado.

Penélope, ¿cuáles son los límites de lo imposible?

platos vacíos

Ls uzzos se mezclaban con las tazas de café griego y sus posos. Toni I lanzó una de sus frases (“A la Merkel no le va a gustar”) mientras explicaba a uno de los comensales cómo procuramos movernos fuera de las pautas productivas del Eurogrupo favoreciendo la pesca a bordo o el contacto directo con los pescadores locales. Esa misma mañana habían concedido el tercer rescate a Grecia. La frase provocó que Toni II y yo empezáramos a debatir en un rincón aparte. Le comenté la existencia del Hellascoin, la moneda virtual creada en noviembre del año pasado como alternativa al Bitcoin. Desde que Grecia entró en la espiral de la crisis en 2011 han aparecido iniciativas de este tipo en diversas islas, es decir, en comunidades pequeñas y reguladas. Unas se mantienen, como el Volos o el Tem y otras, como el Votsalo, dejaron de funcionar. Toni I reflexionó sobre la posibilidad de recuperar el dracma de forma paralela al euro, y Toni II recordó los beneficios de los bancos de tiempo. En Atenas hay un banco de este tipo funcionando desde el año 2012, entre los fontaneros, profesoras de yoga, masajistas, dentistas, etc, los servicios más solicitados son los de psicoterapia, todo un dato.

Les conté que en estas fechas los de la Cooperativa Integral Catalana están organizando un campamento de verano en Creta para favorecer la autogestión económica de la isla y que en su voluntad por abrir puertas han dado a conocer allí el Faircoin. Hace poco tiempo que recuperaron esta moneda virtual pero ya la utilizan 11 colectivos en Grecia, amén de los 18 que la usan en Cataluña, Galicia y Valencia. Como el resto de las criptomonedas, en vez de estar ligada a un banco central o a un bien tangible, el Faircoin se liga a un algoritmo, una fórmula matemática que tiene un número determinado de soluciones. Cada vez que un ordenador soluciona la fórmula crea una moneda (unidad de valor), esta forma de ganar una moneda se llama minería, también pueden comprarse con moneda corriente o, simplemente, pueden regalártelas. Estas reglas del juego están a la vista de todas las personas, utilizan una contabilidad transparente facilitado por programas de código abierto. Pues bien, el rasgo diferencial, del Faircoin es que han cambiado las reglas del juego en busca de unas fórmulas más igualitarias y ecológicas, su algoritmo compensa la cooperación y que la minería no depende de la potencia del ordenador, lo que la hace más igualitaria y ecológica…

Como respuesta Tonito me habló de Jeremy Rifkin. Había traído a bordo su último libro (“La sociedad de coste marginal cero”), en el que defiende que el capitalismo caerá por defecto de fábrica y por el impacto del Internet de las cosas, el de la energía y la economía colaborativa, y recordó que las cooperativas y lo canales de venta directos entre consumidores y productores abundan en Grecia. sobre todo con los bienes básicos  y concretamente con la alimentación como un claro ejemplo de esta nueva economía en red. El debate se encendió.

– “¿Y esa es la revolución? ¿La gratuidad desencadenada por el coste marginal casi nulo como estrategia de marketing? ¿Es revolucionario seguir manteniendo a tycoons, empresas de comunicación, compras por Ebay, publicidad en Google…? ¡Son los nuevos millonarios del siglo XXI!”.

Tonito devolvió la pelota:

– “No, porque además coincide con una mentalidad nueva, integradora, holística, que defiende el bien común de una manera más amplia; los cambios que estamos buscando no son dialécticos… ”

Rellenamos nuestros vasos, una y otra vez de agua con poli pagos (mucho hielo). Le lanzo una reflexión sobre los invisibles dueños de los satélites, recolectores de datos que no comparten cuyo uso engorda los beneficios de los negocios bélicos en esta era en la que todos los devoradores buscan nuevas fuentes de energía. Sobre estas bases difícilmente se puede hacer un verdadero cambio de ruta, por eso la humanidad rebelde vuelve una y otra vez a la misma Itaca, o eso parece. Cuando parecía que el juego entraba en aguas calmas Tonito lo encendía con su eterna sonrisa traviesa: “pero venga, sigue cuestionando”.

Baile circular, colectivo, solidario… en Frikes (Itaca, Grecia)

A post shared by Producciones Orgánicas (@marthazein) on

El poder de los bailes circulares

Habíamos amarrado el barco a los pies de la pista de baile, un espacio habilitado en uno de los laterales del actual puerto de Frikes. Nos contaron que el referéndum de julio coincidió con las fiestas locales y que los miembros del pueblo prefirieron cancelar la cita para escarnio de los municipios vecinos. Hartos de sus chanzas, los habitantes de Frikes decidieron fijar un día cualquiera de agosto. La fiesta, pues, estaba fuera de todos los calendarios oficiales, no aparecía en las guías turísticas. Joan Rigo había vuelto a mostrarnos el lado menos conocido del Jónico.

Allí estábamos, disfrutando de los hermosos bailes griegos, colectivos, circulares, en los que se enlazan personas de todas las edades, géneros, condición y origen. La orquesta fue lanzando melodías durante siete horas. Viejas canciones se sumaban con adaptaciones de temas modernos. En algunos se hacían corrillos en torno a los hombres, en otros arrancaban las mujeres con movimientos sensuales, siempre, tras cada canción, se vaciaba la pista para volverse a llenar. Con el primer acorde una primera persona se lanzaba a la pista y levantaba los brazos, tras ella iban sumándose danzantes, hasta llenar la pista de roscas humanas.

Los bailes circulares son ancestrales, me enredé en aquellos brazos, repitiendo con los pies el movimiento de los planetas, llenándome de energía embriagadora. Al terminar la noche, exhausta, dejé que los remolinos movieran mis conversaciones con Tonito, con Lázaro, con Hanna, Toni II, Joan Rigo y sus acompañantes, con Joan, Justo, Miracles y otros viajeros y viajeras virtuales. Tumbada en el camarote miré el pedazo de cielo que se colaba por el tambucho y deseé que Itaca volviera a hablarme en sueños.

El sometimiento de Grecia no es un asunto local sino transnacional; no se trata de solidaridad con Grecia porque todos nos confrontamos al mismo problema: la insaciable voracidad de las entidades financieras y de los especuladores en todo el planeta. De lo que se trata es de trabajar en equipo. El pueblo griego ha llegado hasta donde ha podido y sabido, es hora de que el siguiente pueblo tome el testigo. Francia, Italia, España… Los polisicos griegos han hecho visible la envergadura del despropósito ¿A qué estamos esperando, a que el verdugo pronuncie nuestro nombre? Tracemos una estrategia común ¿Has visto cómo actúan, cómo se blindan, cómo usan los relatos de los medios de comunicación afines? Así de fuertes nos ven, así de peligros@s, temen la reacción en cadena, el BCE, la troika, Merkel y compañía creen más en nuestra propia fuerza que nosotr@s mism@s, l@s humillad@s”.

Dormí convencida de que ésta sería nuestra última noche en la isla, sin embargo al día siguiente el viento nos llevó en dirección al sur y la lluvia nos retuvo durante horas en Vathi e hicimos noche frente a Pera Pigadhi… 24 horas después recibimos una llamada: Nuestro amigo Kostas, navegante y armador del que fue nuestro primer velero, el Malena, estaba recorriendo 30 millas en su pequeña lancha motora para venir a vernos. Echamos el ancla en Eufimia, Itaca quería susurrarnos algo más.

viajera bebé

Caía el sol cuando Kostas amarraba su embarcación a la nuestra. De ella bajaron también dos mujeres: Danae y una bebé aún sin nombre. Grecia entraba, al fin, en nuestro velero y no al revés.

En nuestro primer paseo nocturno Kostas se alegró de ver el bullicio en el puerto. “Hasta el 1 de agosto no podíamos sacar de los bancos más que 60 euros al día, ahora podemos sacar 400 a la semana, si te das cuenta la cantidad semanal es 20 euros menos pero te da mayor autonomía. Durará un mes, además ahora con la subida de impuestos para las islas, veremos qué va a pasar, sin embargo, alivia ver a la gente paseando”. Recordé a Zweig y el alivio que las personas llegaban a sentir en los veranos previos a las guerras mundiales y me crujieron los huesos. ¿Qué ocurrirá esta vez? ¿Eliminarán violentamente al dirigente de Grecia? (no hace falta asesinarle) ¿Se apropiarán de Grecia, de su gobierno, economía, riquezas? (no hace falta invadir el territorio con un ejército).

Kostas vive cerca de Atenas, de modo que le pregunté por esos ejemplos de los que había leído en internet, como esa clínica, Helleniki, sostenida a partir de donaciones y tiempo, que ayuda a más de 100 pacientes al día de forma gratuíta, pero no sabía nada. Busqué otro caso, sé que son soluciones in extremis, alternativas que fuerzan a un cambio de comportamiento pero no persiguen un cambio de paradigma en la salud, pero quería conocer más detalles. Le hablé de las 60 farmacias sociales en red desde la que ofrecen asistencia a unos tres millones de personas sin derecho a la sanidad pública. Los médicos (150) añaden horas extras a su jornada cotidiana para atender a los desheredados, los medicamentos son donados por 40 farmacias de la región, las instalaciones son atendidas por 30 voluntarios… Tampoco conocía la iniciativa.

– “Grecia no es Sintagma” – me respondió lacónicamente, mientras intentaba que su bebé conciliara el sueño – “Es sólo una minoría la que está organizada, el resto, simplemente sobrevivimos”.

– “¿Habías estado antes en Itaca?”

– “Si. ¿Es la tripulante más pequeña que ha subido a este barco?”, indicó, refiriéndose a la nenita.

– “¿Por qué no tiene nombre?”

– “Estamos esperando a ver cuál le corresponde. Por el momento la llamo lagartija”

Adiós pobres del mundo,  adiós vida dulce, adiós desgraciada patria…

mujeres de soli

De repente, sin venir a cuento, me vino a la cabeza un cuadro que descubrí en Corfú horas antes de que Biel llegara al GoOn. El autor había pintado a dos mujeres guerreras con las camisas manchadas de sangre y un sable en las manos; según el título eran mujeres de Souli. Se me ocurrió preguntarle por ellas y él me respondió cantando un tema del folklore que se transmite de generación en generación desde 1805. La canción se conoce como “La danza de Zalongo“.

Por lo visto en 1803 la indomable comunidad souliota, de la villa de Zalongo, se enfrentó a las tropas turcas, al ver que los hombres perdían la batalla y en plena evacuación ellas quedaban atrapadas, las mujeres tomaron a sus hijos en los brazos y escaparon hacia las cumbres más altas del Epiro, al norte de Grecia. Una vez allí, en el borde del acantilado, iniciaron un baile circular y una tras otra se lanzaron al precipicio cantando una canción que Kostas traduce como puede:

Adiós pobres del mundo, / adiós vida dulce, / adiós desgraciada patria, / adiós para siempre. / Adiós manantiales, montañas, valles y colinas / las mujeres de Soli os dicen adiós. / Igual que un pez no vive en las montañas / ni el polen florece en el agua / las mujeres de Soli no podemos vivir como esclavas”.

Danae tomó en brazos a la niña aún sin nombre y la dio de mamar mientras tarareaba la canción.

Estábamos llegando a Assos, Cefalonia, Itaca quedaba, al fin, a nuestras espaldas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s