El sueño de Isla Sabiduría

BY MARTHA ZEIN

Esa vez fui yo quien me levanté antes. La noche anterior habíamos quedado en que nada más despertar tomaríamos conciencia de la primera idea que nos viniera a la mente, la última imagen procedente del sueño, algún pensamiento que no tuviera que ver con la lógica ni con nuestra voluntad, un susurro… y que nos lo contaríamos durante el desayuno. !No todos los días duerme una a orillas de isla Sabiduría!

– Quizá me levante sabiendo idiomas que nunca hablé.

– O algo inútil, como la lista de los reyes godos al revés.

– O habiendo leído todos los libros que tengo pendientes…

– ¿Imaginas que después de todo lo primero que me venga a la cabeza es “me pica el chichi”?

Aquel juego lanzado al aire había conseguido que me metiera en la cama como una niña en la de la víspera de los Reyes Magos. La magia se instaló simplemente porque habíamos decidido convocarla. Sin darme cuenta, cada vez que el sueño se hacía más ligero (un ruido, ir al servicio, un cambio de postura, un trago de agua, un derrape de ola en el casco…) rescataba un detalle del sueño. Lo más importante no era qué sucedía, ni el lugar (que podría describir con todo detalle) sino las frases. Como suele suceder últimamente aparecían oraciones que me repetía dentro del sueño de modo que cuando me sobresaltaba un ruido tomaba conciencia de ella y volvía a quedar dormida. Así fue como había logrado rescatar tres enigmáticas afirmaciones que moría por contar a Montse. Las apunté en mi cuaderno de bitácora para no olvidarlas; las tres giraban en torno al tiempo. No quería dejarme llevar por la sorpresa, la emoción suele apagar la memoria, urgía rescatar esa asociación libre de ideas. Fui demasiado lenta. La tercera se me diluyó entre líneas mientras la iba escribiendo. Los recuerdos oníricos son tan frágiles como las alas de las mariposas.

Escuché el chapuzón de Toni y Sergi en el agua y volví a tumbarme, dejándome mecer por las aguas que rozan Sabiduría ¿Por qué mi inconsciente se había empeñado en reflexionar sobre el tiempo? ¿De qué estuvimos hablando el día anterior que mi inconsciente se enganchó a ese concepto?

“Tiempo”, dije en alto. Pronuncié la palabra esperando a que hiciera ondas en el pedazo de cielo azul que se asomaba por el hueco del tambucho. “Tiempo”, un guijarro lanzado a ese pequeño lago cuadrangular abierto en el techo del camarote.

La tarde anterior habíamos paseado por las ruinas del castillo, murallas y torre turca de Methoni, costa a la que se asoma Sabiduría. Contemplamos la caída del sol con la voluntad de captar el rayo verde, intercambiamos detalles de las batallas libradas contra los turcos a lo largo de los siglos en esta parte de Grecia… incluso apareció el nombre de Cervantes. Dicen que fue preso en la torre octogonal que aún se mantiene en pie y que, por supuesto, durante un tiempo también fue cárcel y no sólo torre defensiva. ¿Cuántas veces había estado en una celda Cervantes? Yo sólo recordaba su larga estancia entre muros en Argel.

Me levanté de un salto y me puse a indagar. Sería la mejor manera de contener las ganas de despertar a Montse. No me apetecía nadar aún.

carcel methoni

Torre turca, fortaleza de Methoni

Cruzar datos es divertido. Hay que saber indagar en Internet para no caer en la trampa de la réplica sin sentido, buscar las fuentes, ir al texto original a ser posible. Sé dónde mirar. El recorrido comienza en el capítulo dedicado a la historia de “El cautivo” (el número 39 de la primera parte de El Quijote, dicen que fue probablemente el germen de la novela) a los estudios sobre su participación en la batalla de Lepanto. Pronto pude situar su paso por Navarino (!habíamos estado fondeados allí los tres días anteriores”) en el año posterior a aquél enfrentamiento naval en el que perdió su mano, el primer paso de su carrera como militar.

Cuanto más indagaba más contradictorio era aquel dato sobre su encarcelamiento en Methoni. ¿Qué le había pasado a este escritor en ese rincón del mundo en el que ahora hervía mi té? Esto fue lo que pude colegir:

Después de Lepanto, ya sin una mano, entre julio y agosto de 1572, Cervantes sirve bajo el mando del veneciano Marco Antonio Colonna. El 8 de septiembre la armada en la que está enrolado parte contra el sanguinario Uluch Alí, el renegado almirante de la flota otomana. Cervantes se encuentra en una de las cincuenta galeras que comandaba el marqués de Santa Cruz.  Están henchidos de valor, pero los pilotos de la galera confunden la ruta y se desplazan hacia el poniente. No será hasta el 2 de octubre cuando la flota llegue a Navarino. Desembarcan e intentan sitiar la ciudad, lo que al principio se anuncia como victoria termina siendo una retirada.

De regreso hacia Nápoles, al pasar frene a Methoni, el marqués de Santa Cruz prendió la galera de un descendiente de Barbarroja, Dragut, rescatando a doscientos cautivos que iban al remo. Tal y como Cervantes cuenta en “El Cautivo” (que l@s historiador@s consideran autobiográfica), una vez liberados, los presos mataron a mordiscos a aquel pirata que les maltrató durante años.

La imagen de la muerte del tirano a mordiscos me recordó el vídeo en el que se mostraba el pavor de Muammar Gadafi, dictador libio, prisionero camino de la muerte; el del iraquí Sadam Hussein helado en la horca, los cadáveres torcidos del matrimonio Ceausescu tras ser derrocados en Rumanía en 1989… La orgía de la sed de sangre debe ser tan hipnótica que bien pueden asesinar a mordiscos 200 hombres humillados y torturados.

Con la náusea instalada en la boca del corazón me encuentro de golpe con el poema satírico “Viaje al Parnaso”. No conocía esta obra póstuma de Cervantes amaba Grecia. Sigo la senda. Cervantes parte de Madrid montado a lomos de una mula llamada Destino y llega a Cartagena. !Cartagena, el puerto en el que nos hemos preguntado por la vida en los fondos marinos a bordo del WWF!. Nunca he sabido decir que no a una coincidencia. Sigo el Destino de Cervantes con media sonrisa sin saber que a la vuelta de un par de folios esquinados caeré rendida: !En el puerto de Cartagena el autor se topa con una galera hecha de estrofas!.

14 December, 2005. Madrid (Spain) Dress rehearsal in the Pavon theater of the play 'Viaje del Parnaso' ('Parnaso trip') of Miguel de Cervantes with the performance of the Classical Theater Company and the direction of Eduardo Vasco. (Photo by Quim Llenas/Cover/Getty Images)

Representación de “Viaje al parnaso” por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Escenografía, atrezzo y vestuario: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso

Hasta ahora la única nave que vinculaba con la palabra era Argos, cuya proa estaba construida con madera de los robles del oráculo de Delfos (regalo de Afrodita) y, por tanto, podía adivinar el futuro. Pero esta… !Una nave hecha de versos y comandada por Mercurio!. El cuadro que elegí como cabecera para este blog, en el que Dalí sustituye las velas por mariposas, adquiere de golpe un significado en el que no había reparado de forma consciente: La mariposa es el símbolo de las almas (que en griego se denominan con el mismo término: psyché), la metamorfosis, la vida y la muerte recorriendo todas sus etapas en un círculo eterno, la primitiva mariposa neolítica de los jarrones encontrados en la República Checa, el hacha de doble filo de las diosas de Creta, esa isla que nos mira desde el Egeo…

Por supuesto, me hago con la obra. La mañana parece haberse congelado. No hay más ruidos en el GoOn que los que los chisporroteo de mi cabeza. Avanzo rápidamente, devoro, sabiendo que este momento de paz desaparecerá en cuanto alguien abra la boca a mi alrededor, una palabra y regresaré de golpe de este viaje. Me entero que Mercurio buscaba buenos escritores para defender el monte Parnaso en Grecia de los malos poetas, que de repente el cielo se oscureció y le agua se mezcló con la tierra y la tierra con el aire y el aire con el fuego y “en medio de este gran desasosiego / llovían nubes de poetas llenas”… ¿No es bello y al mismo tiempo divertido? Cientos de poetas caen, uno a uno, como gotas de lluvia grotesca sobre la cubierta de la galera: llueve un Quevedo, llueve un Góngora, Llueve un Lope… hasta que la nave se llena. La tripulación se va completando a su paso por Genova, Roma, Nápoles… Durante la travesía los poetas se entretienen intentando comprender versos difíciles, cantando sus propias canciones, recitando poemas o alabando el cuerpo de sus amadas, todo el cuerpo, incluyendo los riñones y la saliva….  !No puedo dejar de reírme!. La estela de los poetas se inició en este viaje en Itaca, los navegantes de Joan Rigo y nuestras consideraciones sobre Robert Graves. Cruzan el estrecho de Messina (sitúo el GoOn en el mejor punto entre Escila y Caribdis) y alcanzan la falda del monte Parnaso donde son recibidos por Apolo. Oigo los pasos de Sergi y Toni en cubierta. Sus risas se mezclan con el rumor de la batalla entre poetas excelsos contra los infieles poetastros, durante la cual se lanzarán versos y libros. En su camarote Montse se despereza. Dos rivales se hieren con rimas afiladas ya a lo lejos, apenas puedo distinguir a quienes se golpean con sátiras contundentes…

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que desperté? 35 minutos. ¿En cuántos lugares estuve en esa larga media hora? Qué extraña forma de medir aquella borrachera en la que el alcohol no se había hecho un hueco en mis labios

isla sabiduría desde satélite

Imagen satélite de Isla Sabiduría

Tengo las coordenadas de Isla Sabiduría (en griego Σαπιέντζα): 36°46′18″N 21°42′18″E. Si pinchas la cifra te aparecerá en su lugar exacto en el planeta, la verás desde un satélite, a millones de kilómetros por encima de ese cielo que tienes sobre la cabeza. Puedo situarla en el mapa: está en el mar Jónico, a unos 2 km al sur de la ciudad portuaria de Methoni, frente al Peloponeso griego. Es más, puedo contar cómo llegamos aquí:

Sitúo el punto de partida en la fuente de Kalamos (Itaca), donde los griegos rellenan por turnos decenas de botellas de plástico. Durante el tiempo que estuvimos deleitándonos con la sombra y el frescor del agua se turnaron ante sus caños tres parejas, cada una llevaba dos cajas de botellas. La coreografía era silenciosa y ordenada, como si hubieran pactado el ritmo de llegada y la cantidad de botellas que rellenar. En un rincón una pequeña placa reproduce la frase de un poeta del que nadie sabe, E. Raftopoulos, en el que se asegura que quien bebe en esa fuerte e inspira la fragancia del lugar regresará a Itaca. En poco tiempo han pasado delante de nuestras narices unas trescientas botellas de agua… Imagino los efectos secundarios, ¿cuántos sedientos no sabrán por qué están deseando regresar a Itaca? Viajeros hipnotizados, enfebrecidos, ignorantes de su condena..

Tras aquella fuente, después de dar una vuelta completa a las paredes de tiza de Zakynthos, nos acercamos a las minúsculas Strofades (que podría traducirse como islas del Regreso) con la buena voluntad de conocer al eremita ortodoxo Gregoris, de cuyas barbas y vida asalvajada nos había hablado nuestro amigo Georgios. En un día especialmente ventoso fondeamos frente a la isla más pequeña, Arpyia, dejando la mayor (Stamfani) a nuestras espaldas con el monasterio de un sólo monje tentando nuestra curiosidad. Una vez preparados para dar el salto a la costa y desde allí contemplar la caída del sol, ya en la barca auxiliar, se nos para el motor sin saber la causa al tiempo que el mar parece enfurecerse. Volvemos a remo al GoOn. El rincón, tal y como habían anunciado en el pilot, empezaba a parecerse a una lavadora. El viento del norte, el Bóreas, parecía enfurecerse, afortunadamente nuestro ancla parecía bien agarrada a la orilla de Arpía. Cuando se hizo de noche la única luz del monasterio quedó encendida, como si formáramos parte de un espectáculo no elegido y en el que no supiéramos cuál era nuestro papel.

Si esta situación se diera en cualquier otra orilla del Mediterráneo resultaría más fácil discernir la realidad de la fantasía, pero estamos en Grecia y aquí los seres humanos y los dioses, la realidad y los símbolos, se enlazan. Los relatos de la mitología griega no sólo describen metafóricamente hechos históricos sino también la descripción de lugares concretos. Estamos anclados entre dos islas rocosas, concretamente a lomos de Harpía y el viento del norte azuza… y el pequeño estremecimiento con el que nos fuimos al lecho parecía envenenarse durante el sueño.

itaca fuente

Grieg@s rellenando botellas en la fuente de Kalamos (Itaca), en la derecha puede verse la placa

Según Hesíodo, las Harpías eran dos hermanas, Aelo, también llamada Nicótoe, que representa el ‘viento tempestuoso’, y Ocípete, encarnación del ’vuelo rápido’. Eran, pues, la personificación de los vientos súbitos y tremendos, más rápidas que el viento del Oeste, relampageantes. Su mito definitorio está ligado a Fineo, rey de Tracia, que tenía el don de la profecía. Zeus, furioso porque había revelado sin consentimiento secretos de los dioses del Olimpo, le castigó confinándolo en una isla con un festín del que no podía comer, pues las Harpías le robaban la comida de sus manos justo antes de que pudiera tomarla. Este castigo se prolongó hasta la llegada de Jasón y los Argonautas. Dos de ellos, los alados Caláis ( “el que sopla suavemente”) y Zetes (“el que sopla fuerte”), hijos del dios Bóreas (viento del norte) se lanzaron tras ellas. Dicen que Aelo (el viento tempestuoso) llegó hasta las Strofades perseguida por uno de los hijos del viento del norte (probablemente Zetes) y allí mantuvieron un tempestuoso combate.

Lo creo. Puedo imaginarlo. Podemos hacerlo. Dormimos allí, era una simple noche de verano, lejos de lo que podría ser una noche infernal, sin embargo nadie durmió plácidamente en el GoOn. Pensé en el eremita, único espectador de aquellas cotidianas peleas de vientos. Traté de imaginarle trascendiendo la costumbre, descubriendo matices ante esa única y constante representación a la que asistía desde hacía años. Quizá había logrado remontar la mala fama de aquellas mujeres aladas que en los primeros relatos no eran monstruos terribles sino divinidades aladas capaces de asomarse al jardín de Thánatos para arrancar almas de las tinieblas y devolverlas a la vida. No arrancaba comida del plato del ciego Fineo, sino que arrancaban muertos del infierno. La palabra que las designa, Harpías, significa “arrebatadoras” en su más sublime sentido.

Así pues, después de beber de los caños del destino, bordear islas de tiza y fondear en los lomos de una ladrona de almas, tuvimos que sostener el arrebato, dejar que el impulso repentino azuzara las aguas y dejarnos llevar. Delante del único espectador de aquel suceso, el eremita Gregoris, despertamos en medio del éxtasis y galopando en sus olas alcanzamos el reino de Nëstor, El golfo de Navarino es un hermoso y ancho útero, entramos en él por una boca estrecha capaz de dejar fuera toda la furia y allí alargamos el tiempo durante tres días con sus  tres noches. De allí veníamos cuando nos acercamos a Methoni. y a esa isla que coronaba sus murallas y que al alcanzarla descubrimos que se llamaba Sabiduría.

isla sabiduría desde Methoni

Isla Sabiduría desde la torre turca

– ¿Soñaste algo?

– Sí. Con un amigo inteligente y bello. Menos mal, me acosté pensando “Ya verás, abriré los ojos y lo primero que pensaré es que me pica el chichi”, pero no, me acuerdo perfectamente de nuestra conversación…

– !Pues yo he soñado con frases!…

Tengo que reconocer que cuando me muero por contar algo no soy nada galante. Afortunadamente creo que la alegría urgente que me llena la boca invade el resto de mi cuerpo y casi siempre logro contagiar a mi interlocutor/a. Por otra parte, jugaba con ventaja. Montse acababa de amanecer y yo llevaba ya varias vidas despierta.

– … La primera la escucho, la segunda la veo…

No soy buena explicando sueños, en el universo onírico todo es simultáneo, de modo que no sé por dónde empezar. Elijo el camino más corto.

– … A ver, la primera dice: “pregúntale por los dos tiempos”. Es curioso porque yo ya sé que se refiere al tiempo que se refiere al clima y al que se refiere al paso del tiempo. Digamos que escucho la frase mientras que contemplo el paisaje, como si fuera la voz de un narrador. La segunda dice: “El tiempo se disfrazó de olmo y de piel de cordero”. No te imagines que es poesía, se trata de una mera descripción de lo que veía…”

Montse escuchaba con la mirada aún dulce y el gesto lento, más niña que nunca. Me respondió:

– ¿Sabes que en Grecia distinguen Kairós de Cronos?

– No.

Empezaba a ser el mejor desayuno del mundo. !Montse es el oráculo! !Montse tiene la respuesta! !Montse es la sibila, la pitia, la profetisa que responde a las preguntas! Tenemos una foto en la que, plantando unos pistachos en el castillo de Pylos, yo aparezco de rodillas y ella de pie, como si estuviera presentándole una ofrenda. Me divierte jugar con todos esos elementos pero, sobre todo, me encanta que mi amiga pueda contarme algo que no sé en el momento adecuado, en el lugar adecuado… y que tenga un nombre: Kairós.

El concepto de “tiempo”, tal como se lo entiende en Occidente, no llega a encerrar todos los matices que ese mismo concepto tiene en Grecia o al menos varios siglos antes de nuestra era. Chrónos aludía al tiempo lineal registrado por el reloj: Aiôn era el tiempo de la vida y el tiempo subjetivo registrado por la memoria y la imaginación; Kairós correspondía a la percepción y aprovechamiento del momento oportuno, el instante que la sensibilidad olfatea como el adecuado. A medida que Montse iba abriendo caminos y yo avanzaba en ellos mi emoción iba en aumento. Precisamente el personaje protagonista de la novela que acabo de escribir, “Un lugar llamado éxtasis”, colecciona “cuadernos de instantes”, que entiende como “esos momentos en los que todo coincide, un rapto de luz, una intuición que te abre en canal y que puede nacer por un cruce de miradas, la contemplación de un paisaje, un instante de soledad, una mariposa que muere justo al tocar tus dedos…”. No, no sabía que esos instantes formaban parte de una forma de entender la vida hace miles de años.

Kronos: el eterno nacer y perecer; y Aión: el eterno estar y retornar, lo que hay entre nacer y morir. Kronos, la duración y Aión la constante.. Kronos: el tiempo del reloj, del antes y el después. Aión, el tiempo del placer y del deseo donde el reloj desaparece… y en la esquina, quizás entre medias de los dos, Kairós, el instante adecuado. No existe una palabra con la que pueda traducirse. Hoy quien lo vive necesita frases, explicarse… es el momento decisivo, aquella abertura en el tiempo y en el espacio en el que alguien, un pueblo, la humanidad entera puede alzarse al fin para cambiar su presente y hacer lo adecuado.

Sí. ¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio, mil vidas en 35 minutos? Por Kairós.

sapienza polen

Explanada de sedimentos conocida como “cráter de polen” en el corazón de Sabiduría

Mientras nosotras hablábamos Sergi y Toni habían vuelto al GoOn para hacerse con algunos recipientes. Su objetivo era obtener barros de isla sabiduría. Reían. “”!Nos haremos ricos!, !Venga, a untarse de sabiduría! ”.

Montse se fue con ellos, yo me lancé al agua dispuesta a alcanzar la orilla… Pero me entretuve. Braceé, braceé bordeando la orilla, sumida en el agua fresca y en mis propios pensamientos. Quedaba por entender la segunda frase. ¿Por qué en el olmo? ¿Qué significado le daba mi inconsciente a aquel árbol?. La mención a la piel de cordero me parecía más fácil, los argonautas partieron en busca del vellocino de oro… Y mientras tomaba el aire y lo expulsaba de forma rítmica, fui dejando atrás la pequeña cala en la que empezaban a embadurnarse los tres.

Sabiduría es pequeña, apenas supera los 9 km². Está formada por dos montículos unidos por un valle. Vista desde el aire podría parecer un ocho irregular, o un infinito, como quiera verse. Es frondosa, absolutamente verde, la vegetación llega en muchas ocasiones a la orilla. Me acerco a las rocas. las toco pero no planto el pie. Sin saberlo aún, cumplo la norma, abundan los carteles que anuncian que está prohibido entrar en ella sin autorización. Tardaré en sentarme que en su interior se esconde uno de los bosques más antiguos del Mediterráneo (cuenta al menos con 15.000 años) en el que abundan madroños de hasta 12 metros. Se trata de 24 hectáreas declaradas monumento natural en 1986. En el valle que une los dos montículos existe una meseta de color naranja y amarillo constituida por sedimentos en los que ha quedado atrapado el polen de los últimos milenios… Imagino que es un paraíso de información para la comunidad científica. Al suroeste, alejándose del continente, existe otro fuente de información inigualable: el punto más profundo del Mediterráneo (5121 m), conocido como la fosa de Oinousses (en griego), fosa Calypso o de Matapán, donde la placa africana se desliza bajo la placa del mar Egeo, creando la fosa helénica.

Allí donde no tocaba fondo, más abajo, no muy lejos, la tierra se abría, pariéndose constantemente a sí misma… acariciada por luminosos peces abisales.

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3 comentarios en “El sueño de Isla Sabiduría

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