Díganos, sr Ban Ki-moon, por qué sonríe

BY MARTHA ZEIN

… cuando debería de estar muerto de vergüenza. La presencia de refugiados en estos juegos olímpicos representan su fracaso.

Los héroes no existen, tampoco las heroínas. Soy narradora, entiendo de ciertas costuras, adoro desnudar sus historias, sé de qué hablo. Por el simple hecho de llevar años viva doy fe de la existencia de personas valientes; conozco a seres humanos con una enorme capacidad para el amor y la empatía, seres capaces de poner su cuerpo en juego para convertir este planeta en un lugar más justo, más humano, más amable. Puedo jurar que existen las buenas personas de buenas intenciones que obran lo mejor que saben (últimamente encuentro por todos lados #milpersonasestupendas). Ellas sí, aquellas y unas y otras son las auténticas protagonistas de mis monólogos y diálogos. “Señor Ban Ki-moon, ¿por qué sonríe?”

Las heroínas y los héroes sólo viven en los relatos. Para desenmascararles recomiendo a quien me escuche que cuando vea aparecer a uno/a por el horizonte se pregunte por su narrador/a; no andará muy lejos, ni él/ella, ni sus intenciones. “Ahora podréis demostrar vuestra fuerza, vuestra capacidad, correr más deprisa, ser más fuertes. Estoy seguro de que muchas personas lo apreciarán y seréis aplaudidos por todo el mundo, al menos tres billones de personas os estarán viendo“, dijo el secretario general de la organización que debería de estar solucionando este conflicto internacional. El señor Ban Ki Moon es consciente de que tiene también 3 billones de oídos prestando atención a su relato, dispuestos a creer en la heroicidad de estos atletas, que representan a los 65 millones de seres humanos desplazados por las guerras, la cifra más grande desde la Segunda Guerra Mundial. De golpe dejan de ser seres de carne y hueso, productos del fracaso de las organizaciones internacionales que supuestamente velan por la paz, para convertirse en personajes de un cómic mundial. Hasta este barco/isla llegan sus hazañas estereotipadas, hasta mis ojos, a pesar de estar varias veces Lejos del mundo contado por los medios, a medio camino entre la realidad que vive la carne de las noticias y la realidad que viven l@s espectador@s desde su sillón. Así es el poder de las redes, el espacio donde más profusión tienen sus hazañas. Por ellas me entero que el presidente de EEUU (país que alimenta la guerras en Siria, Afganistán, Irak…) tuitea halagos hacia l@s atletas que desfilan como “refugiad@s”. Leo que la embajadora de EEUU ante la ONU ha publicado un vídeo en su Facebook con el que se dirige a los millones de personas desplazadas por las guerras que están diseminadas por el planeta y apelar a sus sueños. Yes, you can, oh yeah, !esclavos si os esforzáis podréis obtener los privilegios de la ciudadanía y un podium!, ¡esclavas, sois supervivientes, seguro que superaréis nuestros impedimentos! .

Mi nausea es tan profunda como este mar que nos sostiene, tan grande como mi perplejidad.

Sé que el GoOn lleva meses bordeando el Limbo, ese espacio de almacenamiento de nuestra memoria a donde se envían los archivos que borramos; lo que no imaginaba es que este lugar estuviera en la Luna, pero no la de hoy (empequeñecida por los satélites) sino a esa que pisaron Amstrong, Aldrin y Collins en 1969. Como los sueños ajenos pueden iluminar los míos, siento que me estoy convirtiendo en una astronauta náutica. A lo mejor debería dedicar esta crónica a las mujeres y hombres “rocket”, a la tribu de l@s astronautas sin cohete.

(“Es muy solitario el espacio allá afuera. En un vuelo tan eterno…” canta Elton John Rocket Man)

El planeta en el que viven los héroes y heroínas se llama el imaginario, es satélite de la memoria y comparte órbita con la fantasía. Hay recuerdos que pueden proceder de los tres sitios al mismo tiempo, como el que me visitó hace unos días: los puños levantados por los black power en las olimpiadas de México en 1968. Yo era demasiado pequeña como para tener memoria de los hechos, ví la imagen antes de que supiera su significado, mis emociones se activan ante su presencia antes que mis argumentos. Me asaltó cuando ví los saludos con los brazos en alto de l@s refugiados en las Olimpiadas Río. Reparo en el abismo que existe entre ambas imágenes, no sólo está marcado por la mirada de quienes observan el acontecimiento.

Pregunto a mi inconsciente (que me ha hecho saltar de la silla con los puños de los black power) por qué trae ante mí esa imagen y sólo obtengo silencio. La orilla de Lesbos se ofrece a ante mí a un puñado de brazadas de distancia. Quizá nadando haga hablar a mi imaginario. Hemos fondeado cerca del golfo de Kallonis, en el suroeste de la isla, aún lejos del centro de detención de Kara Tepe y el de acogida de Pikpa, los más próximos, ambos situados en el sureste.

Me lanzo al agua, continúa el silencio. Desde que subió a bordo Alejandría, la nueva tripulante, el viento del norte nos ha dejado en paz. Con ella han llegado la bonanza y las largas conversaciones mecidas por el agua.

Me seco, el inconsciente sigue mudo, le observo; llevo una semana contemplativa, así que no me altero. Alejandría prefiere poner el pie en tierra lo menos posible, el capitán se ha sumado a su deseo y yo, lejos de forzar la ruta, he decidido permanecer atenta a lo que sucede. Vuelvo a mirar el horizonte. En cualquier momento podría aparecer una barca de traficantes de personas (por radio hemos escuchado la llamada general anunciando un naufragio, cuatro hombres al agua, sesenta personas a bordo, todos el mundo llegó sano y salvo a tierra) aunque por el momento somos el único velero navegando en millas a la redonda. Hace días que me digo que existen unas 3.500 personas esperando en tierra a que Europa les conceda el asilo pero en nuestros escasos desembarcos sólo hemos encontrado algún que otro chaleco salvavidas suelto o una neumática abandonada en el puerto. Su invisibilidad me inquieta tanto como su presencia.

Equipo de los refugiados desfilando en los JJOO Brasil-2016. Atletas defensores del BlackPower tras recibir sus medallas en los Juegos de México- 1968.

Ahí viene la voz de mi inconsciente: Los atletas de los años sesenta bajaban la cabeza y alzaban el puño, l@s de ahora miraban al público, enardecid@s. Los primeros formaban parte del equipo estadounidense, los segundos desfilaban como el “equipo de los refugiados”. Mi inquietud va en aumento. En los campos de detención abiertos en las islas griegas a los que me he asomado nadie se identifica con la palabra “refugiado”, porque es un concepto jurídico coyuntural, impuesto por la normativa europea, un falso estatus porque se usa para enclaustrar a sus aspirantes en un vertedero de seres humanos. Las personas bautizadas con ese nombre tienen un único lazo en común: vivir en una diáspora provocada por diferentes guerras. No hablan el mismo idioma, no tienen una cultura común, no pertenecen a una misma clase social o a un mismo género, no tienen señas de identidad comunes, ni ideologías, ni creencias… Si han llegado a estas islas, si están condenadas a la supervivencia, es porque las fronteras terrestres les obligaron a cruzar el mar en medio de su huída. Un ejemplo de hasta qué punto son diferentes que en los centros de detención algunas personas han reconocido entre quienes conviven a mercenarios que también huyen de las guerras. Ni héroes ni heroínas, son sólo el resultado de la violencia impuesta.

Busco en las redes alguna declaración del Olimpic Team Refugees sobre las razones de su diáspora, una reflexión antibélica, pero no la encuentro. En cambio, llueven los likes sobre la medalla de oro de la joven nadadora Yusra Mardini, quien hace un año llegó a Lesbos empujando la embarcación en la que viajaba (un esfuerzo que realizó junto con otras dos mujeres, mientras sonreía a los niños para que no tuvieran miedo en medio de la zozobra). Yo también me conmuevo con su victoria, por supuesto, sobre todo porque es a nado y para más inri, a mariposa. No se trata de sensibilidad, es fácil identificarse con l@s “supervivientes”, vivir a veces implica sobrevivir a pequeños infiernos personales; hasta las personas ricas que pierden millones en un juego en bolsa o la fama tras años de gloria mediática o que crecieron en el seno de una acomodada familia hostil pueden identificarse con esa emoción. Incluso los asesinos pueden sentir que sobrevivieron a sus fechorías. En cambio es difícil identificarse con la negritud, simplemente porque ésta exige ser negr@.

Dos instantes más de ambos juegos. La diferencia que existe entre el lenguaje corporal de los protagonistas es todo un relato.

Ni refugiados, ni héroes, ni heroínas, y mucho más que supervivientes; su diáspora es el resultado de años de guerra sin fin. Durante la ceremonia de inauguración, Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU, un hombre que no es dado a la expresión de sus emociones, se deshacía en sonrisas. Vergonzoso. Me revuelvo ante el timón. Mi inconsciente vuelve a 1968, la guerra del Vietnam ya había comenzado, la guerra fría no había acabado.

Los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, medalla de oro y de bronce de la carrera de los 200 metros lisos, alzan su puño envuelto en un guante negro (símbolo de la pobreza negra) mientras suena el himno nacional estadounidense. El australiano Peter Norman porta una placa del Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos (OPHR) como símbolo de su creencia en los derechos humanos. Smith y Carlos también la lucen. Además, Smith lleva un pañuelo negro alrededor de su cuello para representar el orgullo negro, Carlos lleva desabrochado su chándal como muestra de solidaridad con todos los obreros de EEUU y porta un collar de abalorios para recordar a “las personas que fueron linchadas, o asesinadas, y nadie ha hecho una oración por ellas, a quienes fueron ahorcadas o fueron arrojados al agua en mitad del pasaje”, según declaró en posterior rueda de prensa. Cuando se marcharon del podio fueron abucheados por la multitud, el Comité Olímpico Internacional ordenó la suspensión de Smith y Carlos del equipo estadounidense y se pidió que fueran expulsados de la villa Olímpica, cosa que no sucedió gracias al Comité Mexicano, que les consideró invitados de honor de México. Peter Norman, fue denigrado en su país. Para ellos alcanzar la medalla en esas condiciones suponía abrir un infierno personal. Nada que ver con los actuales juegos de Río de Janeiro, con sus victorias ganan un estatus, el público se emociona pero no se mueve de su sitio, los causantes de su tragedia encabezan las oleadas de emoción.

Intento abrir un debate en el GoOn sobre el asunto, discernir en común es mucho más enriquecedor, pero Alejandría ha subido a bordo con un puñado de libros y decenas de historias inquietantes y no dedica ni medio minuto de atención a este asunto. Su verbo implacable prefiere entretenerse en los infiernos privados y los paraísos públicos de las clases más adineradas, en las intrigas del poder, en los entresijos más crueles de los grandes despachos. En los huecos de sus relatos, cuando toma aliento o toma el sol (como sucede ahora), mi cabeza rescata lo que quiere. Y lo que quiere apunta una y otra vez a la misma dirección: los movimientos pacifistas de los años sesenta y setenta.

Lesbos 2016. Saigon 1969.

Miro la costa. Estoy llegando a la conclusión de que Lesbos es un Limbo extraño; existe en la memoria del público europeo como una mancha distorsionada hecha de datos y emociones y al mismo tiempo una realidad pasada de moda en los informativos. Este Limbo tiene dos caras, como la Luna; vamos bordeando la más dulce suroeste a sureste. Estamos aún lejos de la zona donde se producen los recorridos de los traficantes de personas, del frontex y la guardia costera. En esta cara las humildes tascas de la costa siguen esperando a los turistas que no llegan, con las mesas vacías y la sonrisa congelada en el rostro. Los turcos han dejado de venir en sus ferrys, la recesión impuesta por la Troika inhibe el turismo local, los veraneantes europeos no quieren encontrarse con ningún drama en sus semanas de vacaciones y han cambiado de destino… los pequeños locales parecen el decorado de una obra por estrenar.

Son días de remanso, sin embargo, lejos de acunarme, esta calma me inquieta. Tengo la sensación de estar aproximándome a la primera línea de una guerra invisible. Manuel Elviro Vidal me envía una fotografía por Watsapp. Es un contraluz, la figura de un socorrista y la de un socorrido se recortan al amanecer sobre una lancha. Mi inconsciente vuelve a despertar. Ahora trae ante mí una nueva imagen: Guerra del Vietnam. Fotografía en blanco y negro de Eddie Adams (quien ganaría el premio Pullitzer, es decir, fue millones veces replicada) en la que aparece un general disparando en la sien de un hombre indefenso ante la indiferencia de su entorno. ¿Qué tienen en común ambas instantáneas? La crueldad de la guerra del Vietnam quedó retratada en aquella fotografía, que terminaría convirtiéndose en un icono del movimiento pacifista de aquellos años; la de mi colega forma parte de las miles que se compartieron el año pasado y durante este invierno, en la que los socorristas rescataban todos los días cientos de cuerpos. Desde que se puso en marcha Proem-Aid, el grupo con el que colabora Manuel, han llegado a sacar del agua a 50.000 personas. Insisto: ¿Qué tienen que ver ambas imágenes? Mi inconsciente vuelve a permanecer en silencio.

Treinta años describiendo una parte del mundo junto a Nazanín Armaniam

Llega un mail a mi buzón. Nazanín Armaniam me envía los primeros capítulos de su nuevo ensayo sobre la actualidad política de Oriente Medio. Saldrá a la luz el próximo otoño. Llevaba esperando sus textos hacía tiempo. Sé que revisar sus reflexiones en esta extraña trinchera será un potente despertador. Me zambullo en ellos. Leo: “Afganistán lleva en guerra desde 1979, fecha en la que EEUU, Arabia Saudi y Paquistán crearon el yihadismo sunnita que hoy se presenta como el Estado Islámico. Un tercio de la población ha huido de sus casas y 6 millones de sus gentes vagan por el mundo”. En los campos de detención abiertos en Grecia hay categorías; los más favorecidos por las normativas europeas son las personas que proceden de Siria, en un segundo lugar quedan l@s Afgan@s, pakistaníes e iraquíes.

Treinta y cinco años de guerra. Me revuelvo una vez más en la silla, los tuits de Obama me parecen un escupitajo en la cara de la comunidad internacional, de los millones de seres humanos desplazados por las guerras, de los muertos. No, no le voy a dedicar esta crónica a los rocket man o woman, por mucho que les adore. Es el momento de la ira. Levanto este texto junto con el dedo más obsceno de mis dos manos a quienes marcan las reglas de este juego bélico, desde los líderes de los organismos internacionales a los más humildes trabajadores de las multinacionales del armamento y los trovadores mediáticos que corean sus fastos.

Alejandría está en el barco; aquí y ahora Atiendo a su presencia. Observo cómo encauza al GoOn por la cara dulce de esta luna/limbo que es Lesbos. Constato que allí donde ella mira desaparece el rastro de los desposeídos del planeta y comprendo que en medio de la guerra (que no de la muerte) sea posible encontrar a seres que nunca están a tiro de bala. Sigo sus pasos y compruebo que las personas que se dedican al cuidado no terminan de aparecer, el azar parece aliarse con su ausencia. En ese vacío mi inconsciente sigue trazando paralelismos, es el tiempo de la digestión. Ahora recuerdo el retrato de Kim Phuc, la niña que corre desnuda en norte de Saigón huyendo de los bombardeos de Napalm. Esta instantánea fue decisiva para acelerar el final de la guerra.  A continuación recuerdo a Aylan Kurdi, bebé ahogado en la playa de Bodrum (Turquía) en septiembre de 2015. Aquella instantánea fue fuente de indignación, reflexiones periodísticas, debates éticos… a través de su imagen hablamos de “nuestra responsabilidad”, es decir de nuestras sombras, no de las heridas que causan nuestros líderes políticos.

Trang Bang- Saigón (Vietnam) 1972. Grafitteros replicando la fotografía tomada en la Playa de Bodrum (Turquía) / 2015

Me detengo. Observadas una tras otra, estas imágenes forman parte de un continuum pacifista, aunque no sé si se trata de una secuencia progresiva o degenerativa. ¿Estamos ante el agotamiento de esta corriente política que tuvo tanta fuerza al final de la guerra fría o ante un nuevo despertar? ¿Qué conclusión duerme en la parte límbica de mi cerebro, esa que acoge mis instintos, el hambre, el miedo, el placer y la memoria involuntaria? ¿Estas personas que van apareciendo en mi camino forman parte de una respuesta civil no violenta de carácter internacional heredera del movimiento pacifista de los años sesenta? En estos dos meses apenas he mantenido una conversación profunda sobre el origen de esta diáspora; aunque tod@s perciban “la guerra” como una realidad inapelable que produce rechazo, sólo han abordado este asunto las líderes griegas que encabezan las iniciativas en las islas: Matina, en Leros, Tula en Chios. No creo que sea casualidad.

La denominada “crisis de los refugiados” alcanzó a Grecia precisamente en un año en el que los movimientos alternativos al neoliberalismo europeo eran abandonados por Syriza, el partido que parecía encabezar de alguna manera sus reivindicaciones, al menos las económicas. El uso de monedas paralelas, las cooperativas de salud, hostelería, comercio o agricultura… se encontraron en los márgenes con miles de personas que atravesaban Grecia huyendo de la guerra. La respuesta de la mayoría de la ciudadanía griega fue tan solidaria que estas estructuras sociales se empezaron a movilizar para atender a casi un millón de personas desplazadas por las guerras que atravesaban el país.

La red de clínicas solidarias creadas por la ciudadanía de base para atender a l@s trabajador@s y emigrantes sin cobertura sanitaria son el mejor ejemplo para entender la dimensión de este movimiento solidario internacional, al menos una parte. Las sucesivas reformas sanitarias impuestas por la Troica como condición para recibir los diferentes tramos del rescate han ido excluyendo del sistema público de salud al 30% de la sociedad. Esas cooperativas de salud formadas por médicos o enfermeras en paro o que ofrecían sus servicios en sus tiempo libre, se multiplicaron en Grecia y tomaron parte activa en la denuncia de los riesgos sanitarios en los que se encontraban las personas en diáspora. Formaban parte de una red. Los centros sociales como Micrópolis y Steki Metanaston (Tesalónica), Nosotros y Votaikos Kipos (Atenas), crearon puntos de contacto y pusieron sus infraestructuras (cocinas colectivas, tiendas de comida, guarderías…) a su servicio. La fábrica ocupada y autogestionada de Vio.Me puso a disposición un almacén para la recolección, almacenaje y transporte de artículos básicos como ropa, artículos sanitarios o comida. Numerosos edificios fueron ocupados para las nuevas necesidades. El hotel City Plaza (abandonado desde hace años) es un ejemplo de referencia en Atenas, en la misma ciudad el centro autogestionado de la calle Notara es otro lugar de acogida clave…

pikpa camp

El letrero que da la bienvenida en varios idiomas al campo horizontal y asambleario de Pikpa, en Lesbos

En esta línea autogestionaria se ubica el Pipka Camp, un campo asambleario y horizontal levantado sobre suelo público y ocupado desde 2012. Desde que se puso en marcha, acoge a las personas altamente vulnerables que ya llegan a Lesbos en su éxodo. Aunque no está reconocido como campamento oficial, se ha convertido en un punto clave en la red de solidaridad formada por voluntari@s locales e internacionales, colectivos y asociaciones. Actualmente acogen allí a unas cincuenta personas. Entre las actividades que organizan está el reparto de comida para quienes viven en el campo de detención de Moria, gestionado por el ejército, o la creación de grupos para recibir a pie de playa a quienes llegan en barcas u ofrecerles comida, agua, mantas o ropa seca.

Quien me iba a decir que el viaje que iniciamos el año pasado a bordo del GoOn iba a desembocar en esta realidad histórica. Aquellas iniciativas que se ofrecían como alternativa económica a la austeridad impuesta por Europa desde hace cinco años ahora ofrecen soluciones a la comunidad internacional desplazada por las guerras. Cocinas ambulantes, lavadoras comunales, cadenas de conocimiento, casas okupadas, soluciones ecólogicas, trueque, reciclaje… todas estas iniciativas se han puesto en el último año al servicio de las personas que huyen de los conflictos bélicos. No todas tienen la misma solidez; improvisan modelos de gestión y a base de prueba/error van creando el adecuado; no comparten ideología, ni tamaños, ni estructuras; se dan de codazos con el asistencialismo de cientos de ONGs que se han desplazado a la zona… ¿Estamos ante una nueva oleada de movimientos no violentos? ¿Es este el pacifismo del siglo XXI, el de unas frágiles iniciativas económicas abiertas en los desechos del sistema?

BAN_Refugees-Olympics-04AUG16-625-415

Ban Ki Moon sonriendo en medio de quienes encarnan su fracaso

En el momento más adecuado llega a mi buzón un nuevo mensaje. Oh, sí, quizá el GoOn pueda convertirse en una sucursal de la biblioteca de Alejandría, quizás ella haya llegado a bordo para que me quede en este lado de la luna, el de la reflexión después de la acción. Voy, alegre al correo electrónico, pertenece a un amigo reciente, Félix. Está lleno de preguntas y un documento contundente: las conclusiones del informe del Centre d’estudis per la Pau que explica cómo las compañías de defensa y seguridad que proporcionan el equipo a los guardias fronterizos están fomentando la ‘segurización’ de las fronteras europeas en su propio beneficio. Algunos de los beneficiarios de estos contratos de seguridad son, además, los mayores vendedores de armas a la región de Oriente Medio y el Norte de África. El documento da nombres concretos. Airbus, Finmeccanica, Thales y Safran, así como el gigante de la tecnología Indra. Finmeccanica y Airbus han sido las principales beneficiarias de contratos europeos destinados a reforzar las fronteras. Airbus es, además, el principal beneficiario de los contratos de financiación para investigación en seguridad. Finmeccanica, Thales y Airbus, son también tres de los cuatro principales comerciantes de armas europeos en los conflictos que asolan precisamente Siria, Afganistán, Irán… Sus ingresos totales en 2015 ascendieron a 95.000 millones de euros.

La perversión de esta economía de guerra es desproporcionada. Me pongo delante del teclado recordando el texto de Nazanín y Afganistán. No sólo Bush, Blair y Aznar mintieron con respecto a aquella guerra. Obama, el de los tuits, prometió la salida de las tropas de Afganistán y sin embargo está equipando las 9 bases militares que ha esparcido por los cuatro costados de aquel país como parte del “Gran Juego” económico que mantiene con China y Rusia. Los países de la OTAN han perforado 322 pozos petrolíferos en la cuenca del Amo Darya, en busca de un tesoro que podría generar hasta 2 mil millones de barriles de crudo… Me resuena un artículo que leí hace semanas en Kaos en la Red, escrito por el sociólogo Diego Taboada, hablaba de las encrucijadas del de la realidad y el deseo (imaginarse pacifista, ser pacifista) y citaba a Camus en “Moral y política”: “Siempre es difícil unir realmente a los que combaten y a los que esperan. La comunidad de la esperanza no es suficiente. Es necesaria la comunidad de las experiencias”. Agradezco estar rodeada de personas inteligentes, sensibles y comprometidas que desde sus pequeños rincones se empeñan en despertar conciencias. Agradezco a las personas que aparecen en mi camino mostrándome qué hacen, improvisando soluciones, abriendo senderos en la oscuridad. Desde esta extraña trinchera abierta en el Limbo arranco a escribir esta crónica con toda la ira de una mujer que se declara abiertamente pacifista.

“Díganos, señor Ban Ki-moon, por qué sonríe… cuando debería de estar muerto de vergüenza. La presencia de refugiados en estos juegos olímpicos representan su fracaso….”

Anuncios

2 comentarios en “Díganos, sr Ban Ki-moon, por qué sonríe

  1. Envidio el espíritu critico y la gente que era famosa en los años sesenta, y que se comprometían con los mas débiles, contra las políticas represoras, contra las guerras…, y me refiero a deportistas, intelectuales, músicos, famosos, etc… Hoy día no te encontrarás gente popular que levanten el puño calzado en un guante negro para reivindicar algo honesto, ni a un Alí, que levante la voz y diga “Esa guerra no es mia, a mi no esa gente no me ha hecho nada para matarla”… A día de hoy los héroes y heroinas reales, que levantan la voz son la gente humilde y anónima: bomberos, socorristas, médicos, activistas, cooperantes…El famoseo de hoy,en cualquier actividad esta comprado, estan vendidos. Envidio ese espiritu y a esa gente con coraje de aquellos tiempos. Excelente reflexión tu escrito Martha.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s