El abuelo Brancaleón

El 20 de mayo de 2012 decidimos recuperar un viejo barco de madera y vivir en él. El velero se llamaba “Brancaleón”, la aventura la titulé “El envés del agua (piedras)” porque durante un tiempo indefinido la tierra dejaría de estar bajo mis pies para situarse delante de mis ojos. A lomos del Brancaleón el mundo que habitualmente habito se convertiría en el envés del agua.

Este es, el Brancaleón

Nos bajamos definitivamente de aquel barco el 29 de septiembre de aquel mismo año (es decir, cuatro meses después) aunque no alcanzamos nuestra casa hasta varias semanas más tarde. Sin embargo, una parte de nosotr@s jamás volvería, el agua se la había llevado y había dejado en su lugar nuevos universos, hechos de gotas, fluidos, ondas, corrientes… una forma de percibir la vida. Durante un tiempo dijimos que no habíamos abandonado aquel barco de madera, que aquel navío se había convertido en parte de nuestra piel, que llevamos en las células todo lo vivido a bordo…

No éramos los únicos. El relato del viaje creó una comunidad de brancanautas que aún se sube a bordo años después del recorrido compartido. Si quieres saber porqué seguimos siendo una tripulación déjate llevar por…

“El envés del agua (piedras)”

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